La literatura de Costa de Marfil

La literatura de Costa de Marfil
Las primeras formas de literatura del territorio que hoy compone el estado de Costa de Marfil se produjeron en forma oral, y lo fueron de la mano de las principales etnias del país. Como ha sido también el caso en los artículos de otros países africanos, por cuestiones prácticas, dada la enorme diversidad étnica del país, en este artículo se acometerá la revisión de la literatura oral de algunas de las principales etnias del país, como son la akan, la senufo y la krou. Merece la pena destacar el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre en otros países africanos (en la mayoría, de hecho), estas etnias no son autóctonas del actual territorio de Costa de Marfil, sino que vinieron de países vecinos (por ejemplo, los akan lo hicieron desde la actual Ghana, los senufo lo hicieron desde la actual Burkina Faso y los krou arribaron desde la actual Liberia).
En cuanto a los akan, hay que comenzar diciendo que su tradición oral señala a una deidad conocida como Nyame como la creadora primero de su esposa Asase Yaa, después —junto a esta— de su hijo, y aún después de las piedras primordiales y de los abosom primordiales (estos eran una suerte de espíritus o deidades menores que terminaron de crear el mundo y quienes establecían relaciones con los seres humanos). Por lo demás, los mitos y leyendas akan eran también protagonizados por héroes como Anansi, que era capaz de traer la lluvia y de proteger y salvar a las personas, y por villanos como Sasabonsam, una suerte de diablo que habitaba los bosques y que ejercía el mal. En cuanto a la literatura oral de los senufo, también se centra en la creación del mundo y de la humanidad y también consta de historias y leyendas protagonizadas por espíritus o divinidades que conectan el mundo natural y el espiritual; según estas historias, por ejemplo, el mundo se dividía en una serie de reinos espirituales y las especies animales y vegetales son en realidad fruto de transformaciones de espíritus ancestrales; también habría que destacar que, además de por dioses y héroes, las historias están protagonizadas por los antepasados y por los chamanes que había en el seno de cada comunidad. Por último, sobre la literatura oral de los krou puede decirse que se caracteriza por una importante presencia en sus historias y leyendas del Océano Atlántico, como consecuencia de la relevancia que este tenía en la forma de vida de los krou, quienes eran excelentes marineros que supieron obtener recursos del mar; así, sus historias y leyendas narraban aventuras en el océano, relaciones con las deidades del océano y enfrentamientos con los monstruos del océano. No obstante, como en el caso de las dos etnias anteriores, también había leyendas que explicaban la creación del mundo y que narraban las peripecias de héroes y de antepasados.
Se considera que la literatura marfileña moderna nace junto con el país, ya que los primeros autores aparecen con la independencia que el estado consiguió en 1960. Merece la pena destacar que una amplia proporción de la literatura marfileña se ha escrito en francés, como consecuencia del influjo ejercido y del legado dejado por la antigua metrópoli. Se considera fundador de la literatura nacional a Bernard Binlin Dadié, un joven marfileño que estaba estudiando en Senegal y que adquirió notoriedad con una novela autobiográfica que fue la antesala de una generosa obra repartida entre los géneros de la poesía, el teatro y la novela que trató tanto sobre la esencia y las tradiciones africanas como sobre las modernas aspiraciones de los países del continente en términos de igualdad, dignidad y libertad. Siguieron su inercia autores más veteranos como Coffi Gadeau o Amon d´Aby, ambos dedicados principalmente al género del teatro, o como Ake Loba, quien logró ser galardonado con el Gran Premio Literario del África Negra. Y aún en esa década iba a emerger la que se iba a consagrar como una de las grandes figuras de las letras nacionales e incluso de la literatura africana contemporánea, Ahmadou Kourouma, ello a pesar de que su producción literaria no fue extensa y apenas constó de unos pocos títulos —todos ellos novelas— y con alguno publicado de manera póstuma. También merece la pena destacar a Simone Kaya, considerada mujer pionera de las letras marfileñas.
En las décadas posteriores, incluidas las que ya son del siglo XXI, han destacado otros autores, entre los que merece la pena mencionar a Armand Patrick Gbaka-Bredé (más conocido por su pseudonimo, Gauz, autor de novelas que han obtenido premios tanto a nivel nacional como continental), Marguerite Abouet (autora de novelas gráficas que elabora en colaboración con su marido, que es ilustrador), Veronique Tadjo (novelista, autora de literatura infantil y poetisa que ha ganado premios y cuyos poemas han sido incluidos en antologías), Venance Konan (escritor además de periodista, que ha publicado varios bestsellers), Bernard Zadi Zaourou (que también se ha dedicado a la política y el activismo, ha publicado novelas y teatro y se ha destacado por apoyar el feminismo), Tanella Boni (novelista y poetisa de amplia obra que ha ganado premios internacionales y que también ha escrito relatos cortos y literatura infantil), Henriette Diabaté (que se ha dedicado a la política además de a la literatura), Maurice Bandaman (que ha escrito sobre todo novela, aunque también teatro, poesía y literatura infantil) o Regina Yaou (autora de numerosas novelas), entre otros autores.
La literatura sobre Costa de Marfil
Fueron los navegantes portugueses los primeros europeos en ser capaces de ir superando los diversos puntos límite con los que se habían ido encontrando en sus intentos de navegar hacia el sur por la costa africana, quienes navegaron por primera vez por el Golfo de Guinea y quienes avistaron inicialmente las tierras que hoy componen los territorios de los países que en él se asientan, uno de los cuales es Costa de Marfil. Más concretamente, parece haber constancia de que fueron los marineros Soeiro da Costa (en 1470) y Fernando Gomes (en 1471) los primeros en navegar junto a Costa de Marfil, por lo que quizás fueron los cronistas de sus expediciones los primeros extranjeros en dejar constancia escrita sobre el país. Continuaron la tarea cronistas de otros navegantes portugueses, así como de exploradores y navegantes franceses, británicos y de otras nacionalidades.
En lo que sería el género moderno de la literatura de viajes, hay varios libros en los que se habla de Costa de Marfil junto con otros países africanos; algunos ejemplos son “Viaje a un mundo olvidado”, de Jordi Esteva, “La máscara de África”, de V. S. Naipaul, “Las fronteras se cruzan de noche”, de Xaquin López o “´África”, de Alberto Rojas, entre otros.
Lecturas propuestas
Los negros nunca irán al paraíso (Tanella Boni)
En este libro de la conocida autora marfileña, se expone en modo biográfico —aunque puesta en boca de una narradora— la historia de un hombre que a la edad aproximada de sesenta años hace un repaso no poco exhaustivo de lo que la vida le ha deparado. A pesar de que no termina de quedar claro la que ha sido la principal ocupación del protagonista a lo largo de su vida, sí da testimonio de una serie de acontecimientos, vivencias y circunstancias que sin duda han marcado su evolución, muchas de las cuales devienen de su condición de nómada, al haber transitado de forma casi continua por los continentes europeo y africano. Y, de esa forma, la historia del protagonista termina aportando información sobre las relaciones que ambos continentes han mantenido en las últimas décadas.
Cobrar por estar de pie (Gauz)
En esta obra también autóctona, el autor le muestra al lector las sensaciones y los sentimientos, pero también los aprendizajes, las reflexiones y las agudas observaciones que un emigrante marfileño experimenta en Francia, en este caso a través de la dedicación principal que el protagonista de la historia tiene: la de vigilante de seguridad en tiendas de artículos de lujo en los Campos Elíseos de París. Aunque esa plataforma desde la que observa no es más que eso, un medio que le lleva a compartir con el lector diversos y variados pormenores de los avatares que ha vivido su familia y de las no menos importantes que debe encarar día a día la comunidad africana que reside en la ciudad de París.
La máscara de África (V. S. Naipaul)
En este libro en el que el mundialmente conocido y laureado escritor de Trinidad y Tobago —de ascendencia india— pretende explorar e indagar acerca de lo que queda de las más ancestrales tradiciones de África, así como sobre las que son la esencia y la personalidad del continente, viaja por varios países para documentar y plasmar cuanto vive, experimenta y aprende en relación a esas cuestiones. Uno de los capítulos del libro está dedicado a Costa de Marfil, y en él el autor habla de la larga etapa en la que ejerció el gobierno Felix Houphouet-Boigny, sobre las ciudades de Abidján y Yamusukro, de algunos encuentros y conversaciones con personas locales, de vivencias relacionadas con un partido de fútbol de la selección nacional que vivió en una de sus estancias en el país y de algunos hábitos culinarios de los marfileños, relacionados con el tipo de averiguaciones que son el objeto principal del libro.
Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura
Costa de Marfil es un país africano occidental ubicado en el Golfo de Guinea que cuenta con una costa de más de 500 kilómetros y que tiene frontera terrestre con Liberia, Guinea, Mali, Burkina Faso y Ghana. Cuenta con una amplia variedad de paisajes, entre los que se cuentan la sabana y la selva. El país tiene un relieve bajo, más caracterizado por las mesetas que por las montañas, y en él se da un clima tropical que favorece el cultivo de café, cacao y banana.
En cuanto a su historia, en un primer momento el territorio fue invadido por grupos akan antes de que llegasen otros pueblos como el krou y de que comenzasen a llegar exploradores y colonizadores europeos, primero los portugueses y después unos franceses que convirtieron al catolicismo a los principales líderes tribales marfileños y terminaron convirtiendo el territorio en propiedad oficial del estado francés a finales del siglo XIX, en lo que fue el África Occidental Francesa. El país consiguió la independencia en 1958, iniciándose un período de gobierno de Houphouet-Boigny que iba a durar tres décadas y después del cual se iban a suceder diversas rebeliones, golpes de estado y de reformas y conatos de elecciones democráticas en gran parte frustrados
En lo que concierne a la cultura, en el país conviven más de sesenta etnias, de los cuales, como ya se indicaba al comienzo del artículo, los más relevantes son los akan, los voltaicos (entre los que se encuentran los senufo) y los krou; no obstante, hay otros como los gur, los dan, los yacouba o los dioula, entre otros. Existe bastante igualdad entre la población cristiana y la musulmana, ambas suponiendo en torno a un 40% de la población total y dejando espacio también a creencias y tradiciones animistas.