La literatura de Irlanda


País: 
Irlanda

La literatura de Irlanda

En la cultura celta, la escritura era un arma poderosa que estaba en manos de los druidas o sacerdotes -quienes la utilizaban como medio para mantener su posición privilegiada-, por lo que el resto de la población se conformaba con una transmisión oral de las historias. Por ello, en una primera etapa, solo podemos hablar de los testimonios escritos de los ogam (representaciones gráficas de un primer lenguaje irlandés con función sacerdotal o profética) y de las inscripciones del período romano (con temática centrada en el modo de vida de esa fase). Más allá de esas formas literarias escritas, es relevante la aportación de los bardos, poetas encargados de transmitir historias, leyendas y textos legales, además de poemas, de forma oral. Incluso se especula con que pudieron transmitir también mensajes secretos.

Será la caída del Imperio Romano la que traiga la literatura escrita propiamente dicha, en concreto con la generación de scriptoria, escritos en gaélico -aunque con caracteres latinos- que transmiten antiguas tradiciones, dejando patente un sello pagano. En el año 700 llegaría el “Manuscrito de Würburg”, considerado el escrito en gaélico irlandés más antiguo, en el 800 el célebre “Libro de Kells”, considerado la pieza principal del cristianismo celta, y en el siglo XI, el “Libro de las conquistas”, que relata la construcción nacional irlandesa a partir de las invasiones celtas. En los conocidos como Período Antiguo y Período Medio, entre los siglos VIII y XII destacan también los géneros de la poesía (con nombres como los de los poetas Flann mac Lonain y Eochain O Flainn y el del bardo Muireadhach Albanach O`Dalaigh, que escribieron principalmente sobre asuntos históricos –conquistas, incursiones, viajes, aventuras, expediciones y migraciones-), las sagas (en verso y sobre temas históricos y mitológicos, destacando sobre otras las obras “Leabhar na Huidre” o “Libro de la Vaca Morena” y “Cogadh Gaedhal re Gallaigh” o “La guerra de los irlandeses con los extranjeros”), y sobre todo, la obra “La batalla de los bueyes de Cualinge”, protagonizada por Cu Chulainn, el gran héroe y guerrero de la mitología celta. Aún dentro de la etapa de la que es considerada literatura antigua, llega el Período Tardío (que llega hasta el siglos XVII), en el que pierden protagonismo los bardos, pasando de la proliferación de sus versos a la frecuencia cada vez mayor de las canciones métricas de poetas no profesionales, de los textos en latín y de las obras en prosa de carácter satírico y religioso (a cargo sobre todo de monjes franciscanos). Algunas de las obras destacadas del período son “Annala Riogachta Eireann” o “Anales de los cuatro maestros” (una historia de los principales reyes de Irlanda, a cargo de Mícheal Ó Cleirigh) o “Parliament na mBan”, o “Parlamento de las mujeres” (una de las primeras muestras de prosa en el dialecto de la zona de Munster).

Ya en el siglo XVIII, comienza la etapa de la literatura moderna, la de mayor esplendor y reconocimiento internacional de la literatura de la isla. Desde un primer momento de esta fase destacan grandes nombres como los de Jonathan Swift (especializado en críticas amargas y satíricas y autor de la celebérrima obra “Los viajes de Gulliver”), Oliver Goldsmith (conocido sobre todo por su novela “El vicario de Wakefield”), John Talbot Dillon (quien fue un conocido hispanista), Edward Donovan (orientado a la historia natural) o el poeta Daibhí de Barra. La proliferación de nombres es aún mayor en el siglo XIX, destacando Bram Stoker (autor de la obra referencia mundial “Drácula”), el dramaturgo George Bernard Shaw (con gran influencia en el teatro posterior), Sheridan Le Fanu (especializado en cuentos y novelas de misterio) y Lord Dunsany (autor de cuentos fantásticos principalmente). Y por último, en el siglo XX, salen a escena otros grandes de la literatura mundial como William Butler Yeats (gran representante del renacimiento irlandés y Premio Nobel de Literatura en 1923), James Joyce (autor del irrepetible “Ulises”), Oscar Wilde (uno de los dramaturgos más destacado de su época y de la historia), Patrick Kavanagh (considerado uno de los grandes poetas del siglo), Liam O Flaherty (novelista y cuentista), Samuel Beckett (gran experimentador en el ámbito teatral, autor de “Esperando a Godot”), Flann O´Brien (escritor y periodista considerado clave en la literatura post-moderna), Elizabeth Bowen (narradora y ensayista) o Seamus Heaney (poeta Premio Nobel de Literatura en 1995), entre otros. Aún más recientes, protagonistas del panorama literario actual son Colm Toibin, Emma Donoghue y John Banville.

La literatura sobre Irlanda

No abunda la literatura de viajes de Irlanda. Una de las primeras aportaciones escritas de un extranjero sobre Irlanda fueron los escritos de San Patricio en el siglo V, especialmente la “Confessio”, más centrado en la vida y los viajes del santo que otras de sus obras. Algo posteriores, del siglo VIII, son los testimonios presentes en las sagas vikingas, cuando ese pueblo llegó a la isla irlandesa. No fueron excesivamente abundantes los viajes a Irlanda en los siglos siguientes, de no ser por ingleses que no dejaron grandes testimonios escritos, en parte por la apartada situación geográfica de la isla, en un extremo de Europa, y en parte por el poco interés que revestía para las grandes potencias en comparación con las zonas del mundo que se iban descubriendo. La literatura de viajes que puede encontrarse es reciente, y en castellano destacan los libros “Canta Irlanda”, de Javier Reverte, “Por el Oeste de Irlanda”, de León Lasa, “En el purgatorio de Irlanda”, de Jorge González de Matauco, “La fuga del náufrago”, de Miquel Silvestre, y “Las olas celtas”, del estadounidense Chris Duff.

Lecturas propuestas

Retrato de un artista adolescente (James Joyce)

En esta obra, el genial escritor irlandés narra la tormentosa infancia del niño Stephen Dedalus, supuestamente el alter ego del propio autor, quien es enormemente introvertido y tímido, y se ve oprimido por las exigencias y requerimientos procedentes del colegio religios al que asiste y de su propia casa. También se permite, no obstante, soñar, a partir de los sorpresas que va encontrando en el mundo, que le hacen ir descubriendo cosas de la sociedad, de la política e incluso del sexo. Poco a poco, se abre camino hacia un objetivo lejano pero alcanzable: el de la madurez personal y literaria.

Las cenizas de Ángela (Frank McCourt)

Se trata de un libro que constituye una excelente crónica de la difícil vida de una familia irlandesa cualquiera a mediados del siglo XX, así como una radiografía de la sociedad en la que les había tocado vivir. Las condiciones de extrema pobreza son igual de difíciles de combatir que el férreo intento de control por parte de las instituciones religiosas, quedando un panorama en el que solo es posible sobrevivir haciendo gala de una agudeza extrema, que es precisamente lo que intentan el protagonista –el propio autor, ya que es una obra autobiográfica), su madre y sus hermanos.

El sueño del celta (Mario Vargas Llosa)

Enmarcado en el género de la novela histórica, el libro es la historia de Roger Casement, un cónsul que alcanzó la fama por las denuncias que hizo de las penosas condiciones de esclavitud que estaban presentes en el Congo y en la Amazonía peruana, y que en un momento posterior de su trayectoria se vería envuelto en lo más crudo de la pelea nacionalista irlandesa por la independencia. El personaje de Casement se ve envuelto en luchas mentales internas que le hacen oscilar entre sus sólidos principios morales, sus impulsos sexuales y su anhelo de ver a su país instalado en la independencia.

Canta Irlanda (Javier Reverte)

El conocido escritor de viajes español, emprende en esta ocasión un viaje a un país que le llama mucho la atención, y más tras haber tenido una estancia previa en la que no consiguió cumplir su objetivo de escribir un libro. Años después, vuelve para revisitar algunos de los lugares de su anterior viaje y para conocer por primera vez otros. No faltan las referencias a escritores, obras y películas (como James Joyce, William Butler Yeats o “El hombre tranquilo”), las visitas a los escenarios de la historia (como los pueblos del sur a los que llegaban los náufragos españoles o la Belfast en las que cubrió varios episodios dramáticos como periodista), y los inevitables ratos pasados en los pubs.

Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura

Irlanda es una isla situada en el extremo occidental de Europa, aún separada del continente por la isla principal del Reino Unido, y rodeada por el Océano Atlántico. El país es principalmente llano –aunque existen algunas colinas y montañas bajas-, tiene un paisaje de pradera y bosque salpicado de lagos y ríos, presenta costas recordadas y cuenta con un clima caracterizado principalmente por las frecuentes lluvias.

Son clave, en un primer momento, la llegada a la isla de los celtas, alrededor del año 1600 a.C., la cristianización llevada a cabo por San Patricio en el siglo IV d.C, y la invasión vikinga de los siglos IX y X. Ya en la Edad Moderna, el país se ha visto enormemente afectado por la cercanía y por la influencia en todos los ámbitos y niveles de Inglaterra, de quien la separan profundas diferencias sociales, culturales y religiosas, con la que se ha tenido una relación de amor y de odio, y con la que la relación ha sido más que tensa en distintos momentos, con distintas conquistas, ocupaciones, y rebeliones, que dejaron por el camino episodios tan lamentables como el de la Gran Hambruna Irlandesa –en un momento en el que Irlanda era parte del Reino Unido- y que finalmente desembocarían en la independencia y proclamación de la República de Irlanda en el primer cuarto del siglo XX.  

El esfuerzo por mantener los vínculos con la cultura celta han sido grandes, y los resultados de la empresa, palpables (mayores que en el caso de escoceses y galeses, y consistentes por ejemplo en la presencia de carteles en gaélico por las calles del país o en la práctica incluso en la actualidad del deporte del fútbol gaélico), sin que eso quiera decir que haya sido posible evitar sufrir la asimilación con los británicos en un buen puñado de aspectos. La sociedad cuenta con un peso de la tradición y de la religión mucho mayor que el que tienen en otros países de Europa. Merece la pena destacar la relevancia de la emigración que tuvo lugar a otros lugares del mundo (aunque, principalmente a Estados Unidos, Australia y Canadá) en el período de la Gran Hambruna, con la derivación de que muchos de ellos volvían y traían nuevos vientos a un atrasado país.



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