La literatura de Kenia


País: 
Kenia

La literatura de Kenia

Como ocurre en prácticamente todos los países africanos, se pueden distinguir dos etapas relevantes en la historia de la literatura local, ambas separadas por el momento de la llegada de una potencia extranjera –en este caso quienes llegaron fueron los portugueses en primera instancia y los británicos después- para ejercer el colonialismo, desde el siglo XVI (en cualquier caso, fue ya en el siglo XIX cuando el territorio aqquirió el estatus de colonia). La cultura swahili es, en cualquier caso una de las pocas culturas africanas que ya contaban con una literatura escrita desde antes de la llegada de los europeos, y en concreto desde tiempos antiguos, ya que en el caso de otros países del continente solamente había ejemplos de literatura oral –una modalidad que, no obstante, está presente también en Kenia-. A pesar de que esa literatura escrita ya existía con anterioridad, adquirió una relevancia más alta, e incluso un momento de esplendor, en el siglo XVIII, en el que al retirarse los portugueses la cultura nacional experimentó un renacimiento. La literatura oral, caracterizada por ser síntesis entre narración, representación dramática y música, tiene como mejor exponente la que practicaban los kikuyu -la etnia predominante en el país- y como características principales la del interés por transmitir las historias de los dioses en los que las comunidades nativas creían (unos dioses que, como ocurría en la Antigua Grecia, se creía que habitaban en lo alto de montañas) y la de explicar la aparición de los kikuyu como etnia diferenciada (al parecer, hasta un total de nueve clanes diferentes procederían de las nueve hijas del considerado creador, Gikuyu).

Por su parte, en lo que concierne a la literatura antigua escrita, merece la pena destacar que constaba de dos géneros principales, ambos escritos en verso, que son el mashairi (consistente en poemas cortos sobre temas religiosos -loas a Alá, Mohammed y otros profetas- y profanos -como el amor o la moral-), y el utenzi (caracterizado por los poemas largos relativos a la historia o a las aventuras ficticias, con espacio para la fábula y la moraleja). Mientras el primero de los géneros cuenta con una métrica y un ritmo fijos, el segundo carece de esa normativa. Aún dentro de ese ámbito de la literatura escrita previa a la conformación de una literatura colonial, destacaron varias obras; uno de los poemas más conocidos, en este caso del género utenzi, es “Utenzi wa Tambuka” (“La canción de Tambuka”), un poema épico escrito en 1728 en idioma swahili aunque en alfabeto árabe, que relata diversos episodios de guerra protagonizados por árabes, bizantinos y otomanos entre los que destaca el relato de la campaña de Mahoma contra el emperador bizantino Heraklio (la obra fue escrita en la antigua ciudad-estado de Pate, en el archipiélago de Lamu). También destacan las obras "Husani" (que narra la vida y la muerte de Husayn ibn Ali, mártir de Kerbala, en lo que era una clara muestra de la penetración del Islam chiíta en el país) y, ya en el siglo XIX, “Al Inkhisafi” (“Revelación del alma”), que reflexiona sobre los placeres efímeros, la virtud y la piedad. Y por terminar de mencionar obras notables, dentro de esa literatura oral que ya se ha mencionado que también existía de forma paralela a la escrita, puede destacarse la canción fúnebre “Luwere okulangwa”, del pueblo Luhya, que se canta cuando una mujer cercana –una madre, una tía- muere, y en el que, a pesar de la tristeza de la ocasión, la música que acompaña es alegre.

En lo que concierne a la literatura post-colonial, cabe destacar a una serie de autores, todos ellos con la obra principalmente distribuida en la segunda mitad del siglo XX, como el novelista, ensayista y dramaturgo Ngugi wa Thiong’o (frecuente candidato al Premio Nobel de Literatura, con una extensa obra en la que sobresalen “Sueños en tiempos de guerra” y “El brujo del cuervo”), el también primer ministro y presidente tras la independencia además de escritor Jomo Kenyatta (escribió sobre Kenia, sus gentes, sus conflictos, su progreso, etc, destacando “Frente al Monte Kenia”, un estudio antropológico sobre la etnia kikuyu), el teólogo y escritor Shafique Keshavjee (de ascendencia hindú, con libros principalmente sobre temas religiosos, como “El rey, el sabio y el bufón: el gran torneo de las religiones”), Abdilatif Abdalla (político además de escritor, que rescató el género utenzi), el novelista Ben Kane (destaca especialmente en el género de la ficción histórica, con amplia obra sobre Italia en general y sobre la Antigua Roma en particular), el guionista y novelista David Dominic Mwangi (especializado en libros infantiles), el dramaturgo Chacha Nyaigotti-Chacha (quien ha escrito ensayos sobre educación y medicina además de teatro), y el aún posterior Binyavanga Wainaina, con obra ya en el siglo XXI. Muchas de las principales obras de los mencionados autores tienen las características propias de la narrativa negro-africana post-colonial, como la preocupación por los problemas políticos y culturales, las intrigas basadas en el pasado del continente, la confrontación de lo local y lo impuesto por los extranjeros, el conflicto entre individuo y sociedad y la divergencia entre tradición y modernidad.

La literatura sobre Kenia

Si nos fijamos en lo que han escrito sobre Kenia quienes han conocido el país llegando desde fuera, vemos que hay una serie de autores que llegaron a Kenia en el período colonial, y cuyos textos y escritos dieron a conocer el país al mundo entero. Son ineludibles las menciones del británico Ernest Hemingway (quien hizo un viaje de diez semanas por el país en 1933, escribiendo sobre él una novela titulada “Verdes colinas de África”, además de varios cuentos) y de la danesa Karen Blixen (más conocida en el ámbito literario por su pseudónimo, Isak Dinesen) que vivió durante diecisiete años en el país africano y escribió su mítica obra “Memorias de África”.

También destacan las aportaciones del británico Richard Meinertzhagen con su “Diario de Kenia” (narra sus vivencias en Kenia entre 1902 y 1906), de la también británica Beryl Markham con su “Al oeste con la noche” (que cuenta lo que vivió y experimentó en Kenia, donde llegó con solo cuatro años y creció jugando con niños nativos), y del estadounidense Charles Miller, con "El tren lunático" (en el que narra el proceso de construcción de la línea de ferrocarril que unía Mombasa, Nairobi y el Lago Victoria), los tres dentro del ámbito de la literatura de viajes. Por su lado, en el lado de la narrativa ambientada en el país destacan las aportaciones de la chilena Isabel Allende con su “El bosque de los pigmeos” (una novela entre safaris, misioneros, amuletos, y claro, pigmeos), de la británica Bárbara Wood con su “Bajo el sol de Kenia” (con presencia de colonos arrogantes y de hechiceras que aplican maldiciones) y del canadiense Moyez G. Vassanji con su “El mundo incierto de Vikram Lall” (sobre un exiliado keniano en Canadá y los recuerdos que conserva del país africano).

Lecturas propuestas

No llores, pequeño (Ngugi Wa Thiong’o)

Es la primera novela del destacado y célebre escritor keniano. Narra las vivencias del pequeño Njoroge, apenas un niño cuya familia, sin desearlo, se ve inmersa en la sangrienta insurrección de rebeldes kenianos contra la administración colonial conocida como Rebelión del Mau Mau, en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Todos, el padre, los hermanos, su cercana amiga del colegio, el padre de esta, el empleador de su padre, se ven envueltos en conflictos y enfrentamientos que no hubieran querido que alterasen su tranquila y apacible vida anterior.

Verdes colinas de África (Ernest Hemingway)

El libro está certificado por el sello del tan reconocible estilo hemingwiano, en el que no pueden faltar el gusto por las actividades al aire libre y el estilo literario sobrio y directo. A lo largo de toda la obra se describen escenas de caza, momentos de descanso y placer en los campamentos en los que el autor duerme, hábitos de algunos de los grandes mamíferos africanos, características de la naturaleza y el paisaje del continente, costumbres de las personas locales que le acompañan, y, como siempre, ese punto de proeza deportiva que al escritor estadounidense siempre le gusta que esté presente.

El sueño de África (Javier Reverte)

Javier Reverte, en un libro que también habla de otros países africanos, y con su tradicional formato que combina narración de las vivencias de su propio viaje y documentación histórica sobre el lugar que visita, nos habla sobre la costa Zenj y la cultura swahili. Con él, podemos aprender sobre las gentes, las calles y los establecimientos de las ciudades de Nairobi, Mombasa o Lamu, sobre los excelsos parajes naturales del Serengeti o el Kilimanjaro, y sobre historia, con especial protagonismo para la colonización portuguesa, árabe y británica y para historia de la exploración en África Oriental.

Los árabes del mar (Jordi Esteva)

En un libro dedicado a explorar los orígenes de todas aquellas gentes que, siglos atrás, se dedicaron a hacer de la navegación a lo largo y ancho del Océano Índico una forma de vida, Jordi Esteva dedica la última parte de la obra a la costa oriental africana. Con un estilo viajero que le lleva a intimar con las personas que va conociento de forma extraordinaria, Esteva adentra al lector en un mundo mágico de dhows (los tradicionales barcos que surcaban las aguas del Índico), yins (genios mitológicos del mundo árabe), charlas en torno a unas tazas de té y árboles y frutas tropicales, en las ciudades de Mombasa y Lamu.

Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura

Kenia se sitúa a una latitud intermedia y en la parte oriental del continente africano, y tiene fronteras con Etiopía, Tanzania, Uganda y Sudán del Sur. El país toma el nombre del Monte Kenia, el más alto del país y el segundo más alto de África, y también destaca la presencia de uno de los mayores lagos de África, el Victoria, del valle del Rift -que atraviesa el país de Norte a Sur-, y de varios parques nacionales que combinan montañas, bosques y sabanas, y en los que es posible admirar la tremenda biodiversidad con la que el país cuenta. Asentado junto al Océano Índico, los vientos del monzón siempre han favorecido el intercambio con otros pueblos.

Hubo acercamientos y asentamientos permanentes árabes desde el siglo I d.C. Después, como sucedió en otros países africanos, se produjo la llegada del pueblo africano bantú a partir del siglo XIV, procedente de África Occidental, que produjo un efecto notable de desplazamiento y asimilación de la población anterior, antes de la llegada de los primeros europeos, portugueses en el siglo XVI, y alemanes y británicos en el siglo XIX. La Rebelión Mau Mau desencadenó la cesión del poder por parte de los británicos a los propios africanos, la independencia y la creación de una sociedad en la que, no obstante, continuó teniendo importancia el elemento británico.

La cultura swahili es una civilización rica, variada, y receptora de numerosas influencias de los pueblos que la han formado o con los que ha tenido contacto, caracterizada por un pasado con presencia de diversas ciudades-estado musulmanas y cosmopolitas. El principal grupo étnico es el kikuyu, y además de la de otras etnias locales, destaca la presencia de un importante contingente de inmigración de indios hindúes, que han adquirido un papel relevante en el control y la gestión de los negocios. La religión mayoritaria es el cristianismo, aunque hay una destacada presencia del Islam.

 



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