La literatura de Macedonia del Norte

La literatura de Macedonia del Norte
La primera literatura que se puede considerar normacedonia es la que data de época medieval, en concreto del período en el que el hoy territorio normacedonio abrazó el Cristianismo antes de la época de dominación del Imperio Otomano. Esa literatura estuvo compuesta por leyendas y canciones de carácter folclórico que a pesar de prácticamente desaparecer con el dominio otomano fueron recuperadas en el siglo XIX. Se trata de leyendas y canciones protagonizadas por seres sobrenaturales que en su gran mayoría proceden de la mitología eslava, entre los que destacan las narechnici (una suerte de pitonisas que visitaban a los recién nacidos en la tercera noche de su vida para pronosticar su destino), los lamia (criaturas fantásticas similares a los dragones encargadas de proteger o aterrorizar a los pueblos según gozasen de su favor o no), los talasam (espectros asociados con determinadas regiones geográficas) y las madjosnica (brujas que también morarían en ciertas poblaciones). Se trata, además, de historias y canciones que eran acompañadas de otros elementos folclóricos como la música o la danza.
Más allá de esa literatura oral folclórica que podríamos calificar de genérica, mención aparte merece la figura de Alejandro Magno y la serie de historias y leyendas que surgieron en torno a su figura; aunque no nació en el actual territorio de Macedonia del Norte, sino en la Macedonia Central que hoy en día pertenece a Grecia, la de Macedonia era una región cultural además de geográfica y en ese sentido la figura del general y héroe griego tuvo una gran relevancia también en el territorio de la actual Macedonia del Norte, surgiendo historias que lo consideraban, no solo como un gran conquistador, sino también como una figura mítica que incluso habría sido capaz de reconfigurar la geografía y el paisaje macedonios en compañía de su caballo, Bucéfalo.
En época posterior, y ya en modalidad escrita, podemos aludir a una literatura macedonia temprana que habría estado formada principalmente por textos religiosos de la rama del Cristianismo que dominaba en la región en época medieval, la ortodoxa, aunque se trata de una literatura que declinó notablemente, sin llegar a desaparecer del todo, en los cinco siglos en los que el Imperio Otomano ocupó, dominó y asimiló religiosamente toda la región que ocupan los actuales estados de Macedonia del Norte, Albania, Bosnia Herzegovina y parte de Serbia. La literatura que se produjo durante ese período consistió principalmente en textos religiosos de tipo místico que se produjo en edificios e instituciones religiosos como logias derviches y madrasas (era una literatura producida principalmente por élites turcas). A pesar de esa indudable represión, es importante destacar que hubo una literatura que se podría calificar de resistencia, que de alguna manera dio continuidad a la literatura que se había desarrollado hasta ese momento, ya que por un lado consistió en folclore que se plasmaba en canciones épicas y líricas, cuentos populares y leyendas que mantenían viva la cultura eslava, y por otro lado se materializó en textos religiosos y crónicas históricas que sobre todo copiaban clérigos y monjes. Habría que esperar hasta el siglo XIX para ver renacer la literatura macedonia autóctona, ya que fue en ese siglo cuando el autor Konstantin Miladinov junto con su hermano Dimitrije se encargaron de hacer la labor antes de mencionada de recuperar las que habían sido las leyendas y canciones folclóricas tradicionales macedonias. Fue ya en el siglo XX cuando, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y constituida la República Comunista de Yugoslavia, a la que Macedonia pertenecía, e incluso antes de que el idioma macedonio fuese reconocido, cuando iban a surgir voces que pedían a gritos una literatura nacional (estos esfuerzos fueron iniciados por Krste Misirkov y continuados por Kosta Racin; de hecho, la poesía del segundo incluía muchos elementos del folclore oral macedonio, siendo prohibidos precisamente por ello en una Yugoslavia aún previa a la gran guerra). Precisamente en esa compleja época, y por motivos similares, algunos autores como Kole Nedelkovski tuvieron que marcharse al exilio.
Y ya poco después de la Segunda Guerra Mundial, de la mano de ese reconocimiento oficial del idioma macedonio que por fin llegó, aparecieron una serie de figuras literarias entre las que destacan Slavsko Janevski (poeta y prosista, considerado el autor de la primera novela en macedonio y de seis novelas que tratan sobre la historia del país), Zivko Cingo (autor de novelas y relatos de carácter fantástico), Petre M. Andreevski (dedicado principalmente a la novela histórica), Savo Kostadinovski (que se dedicó tanto a la prosa como a la poesía), los poetas Aco Sopov (considerado uno de los poetas más relevantes de Yugoslavia), Blaze Koneski (considerado el padre del idioma macedonio literario) y Gane Todorovski (que combinó la poesía con el ensayo histórico) y los dramaturgos Vasil Iljoski (uno de los fundadores de la Asociación de Escritores de Macedonia), Kole Casule (que escribió ensayo y relatos cortos además de teatro), Tome Arsovski y Goran Stefanovski (guionista además de dramaturgo). Ya en el siglo XXI han sobresalido Lidija Dimkovska (que ha escrito sobre temas como la identidad macedonia y la emigración) y Goce Smilevski (autor dedicado principalmente a la novela histórica).
La literatura sobre Macedonia del Norte
Fueron los cronistas e historiadores de época griega quienes en primer lugar se refirieron al actual territorio de Macedonia del Norte ofreciendo una versión externa del mismo, siendo su labor continuada por sus homónimos romanos, quienes en el contexto de las Guerras Macedónicas que llevaron al Imperio Romano a conquistar lo que hasta ese momento había sido el Reino Antigónida, continuaron elaborando crónicas y otros textos sobre el territorio. Más concretamente, destacaron en esa labor los cronistas e intelectuales romanos Polibio, Tito Livio, Apiano y Floros.
En época moderna, algunos libros de literatura de viajes que tratan sobre Macedonia del Norte (aunque en la mayoría de los casos sea junto con otros países, por lo general los que pertenecieron a la antigua Yugoslavia) son “Viaje a mi país ya inexistente”, de Tamara Djermamovic, “Yugoslavia kaputt”, de Manu Leguineche, “La otra Grecia. Viaje a Salónica, Macedonia y los Balcanes del Sur”, de Marta Monedero y “Una odisea balcánica”, de César Campoy. También hablan sobre la actual Macedonia del Norte Nicolas Bouvier en “Los caminos del mundo”, en lo que es la narración de un viaje por la Antigua Yugoslavia, sino por Europa y media Asia. Más allá de la literatura de viajes, merece la pena destacar que en el libro “Europeos en extinción”, que trata sobre minorías étnicas, hay un capítulo dedicado a la de los arrumanos, ubicados en Macedonia del Norte.
Lecturas propuestas
Mi marido (Rumena Buzarovska)
Es este un libro de relatos cortos en los que la autora va dando alternativamente voz a diversas mujeres que hablan de sus maridos, así como de las relaciones que mantienen con ellos. El perfil humano y psicológico de los once maridos que la autora presenta a través de las voces de sus mujeres es de lo más variopinto, y también lo son las sensaciones y los sentimientos que ellas experimentan ante lo por lo general poco afortunados comportamientos y actitudes de ellos (ello por supuesto sin dar por hecho que ellas no cometan errores también). En paralelo a esas historias familiares y personales, el autor puede descubrir algunos rasgos de la sociedad macedonia moderna.
Si la adelfa sobrevive al invierno (Stefan Popa)
Aunque no está escrito por un autor macedonio, sino por uno neerlandés, se trata de una bella historia que transcurre en el seno de la comunidad arrumana que puebla las montañas del sur del país. Es la historia de un hombre que afronta la última etapa de su vida entre la nostalgia por el pasado, la inquietud por el futuro de sus familiares y amigos más cercanos y la identificación con una cultura que se está perdiendo. El paso del tiempo, la confrontación entre la tradición y la modernidad y la identidad son algunos de los temas principales del libro, con el que, además del componente literario, están el divulgativo y el costumbrista de lo que se aprende sobre los arrumanos.
Europeos en extinción (varios autores)
Es un libro dedicado a explorar acerca de las minorías étnicas que aún quedan en Europa, y uno de sus capítulos, en concreto el quinto y último, está dedicado a los arrumanos, naturales de Macedonia del Norte. En alrededor de cincuenta páginas, el autor examina los orígenes históricos, el folclore, la lengua, las tradiciones y el entorno natural —las montañas— que son propias de este histórico pueblo europeo. También, nos habla acerca del mito, presente en el imaginario de muchos arrumanos en la actualidad, de que Alejandro Magno procedía de su misma etnia. Bitola, Krusevo o Moloviste son algunos de los lugares con mayoría de población arrumana que el autor visita, y describe en las páginas del libro.
Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura
Macedonia del Norte es un país de pequeño tamaño incluso para los estándares europeos que surgió en 1991 como resultado de la desmembración de lo que durante buena parte del siglo XX había sido la República Socialista de Yugoslavia (una escisión de la que también surgieron inicialmente Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, más tarde Montenegro y, aunque tiene reconocimiento oficial limitado, Kosovo). El territorio normacedonio es mayoritariamente montañoso, cuenta con varios lagos relevantes y no tiene salida al mar.
En cuanto a la Historia, se cree que fueron los peonios, un pueblo de origen tracio, los primeros que habitaron la región, aunque fueron conquistados primero por los persas aqueménidas, después por el reino macedonio de Filipo y Alejandro y aún más tarde por los romanos, quienes de hecho establecieron una provincia denominada Macedonia. Más ocupaciones y dominaciones iban a venir en época medieval, pues el territorio normacedonio perteneció sucesivamente a los imperios Bizantino, Búlgaro, Serbio y Otomano. En un siglo XX no menos intenso y accidentado que los siglos anteriores, el país vivió tres unificaciones (la del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, la del Reino de Yugoslavia y la de la República de Yugoslavia) y la anhelada independencia, obtenida en 1991.
En lo que se refiere a la cuestión cultural, aunque en el país predomina el pueblo macedonio, de origen eslavo, con alrededor del 60% de la población, hay una importante comunidad albanesa que representa en torno al 25%, y minorías étnicas tanto venidas de fuera (turcos y serbios principalmente, aunque también bosnios, griegos y valacos) como autóctonas, destacando en este caso la ya aludida de los arrumanos. En cuanto a la religión, domina el Cristianismo Ortodoxo con el mismo aproximado 60% que representa la población eslava, con la que esa religión se corresponde, aunque hay espacio para el Islam.