La literatura de Rusia


País: 
Rusia

La literatura de Rusia

Como suele ser habitual, la primera forma de literatura en la región fue oral, y era llevada a cabo por juglares) y bardos mediante el canto de bylinas (poemas épicos) que unían tradiciones paganas y eclesiásticas en compañía del gusli, un instrumento musical de cuerdas múltiples. Esas canciones relatan hazañas de los bogatyri, héroes guerreros comparables con los caballeros guerreros de la Europa Occidental. Algunos de los más conocidos héroes protagonistas de las bylinas fueron Ylia Muromets y Aliosha Popovich.

Se comienza a hablar de un estado ruso a partir de la formación de la Rus de Kiev, en el siglo IX, y con ese estado comienza la literatura escrita en antiguo eslavo eclesiástico, con la escritura en madera de tilo del “Código de Novgorod”, el primer libro en la mencionada lengua, que consiste en una selección de salmos. Se desarrollan en paralelo una literatura secular, compuesta principalmente por leyendas y narraciones históricas, y una literatura eclesiástica, compuesta por himnos y vidas de santos. Son obras significativas el “Cantar de las huestes de Igor” en la primera rama y la “Loa de San Vladimiro” en la segunda. Tras una fase de menor producción literaria –apenas algunos relatos militares- a finales del siglo XIII y principios del XIV por la invasión mongola, este primer período del estado termina a finales del XIV con predominio de obras eclesiásticas, entre las que destaca la “Biografía de Alexander Nevsky”. Con el paso del poder de Kiev a Moscú, ya en el siglo XV, se impulsa la literatura laica, principalmente con “Viaje más allá de los tres mares”, de Afanasi Nikitin, una tendencia que se iba a confirmar en el siglo siguiente con nuevas obras maestras como el “Domostroi” (atribuido al arcipreste Silvestre, reuniendo las normas que regulaban la vida corriente de una familia rusa) e “Historia de un joven y una joven” (de Ermolai-Erast, considerada la primera novela profana rusa). El siglo siguiente, el XVII, iba a traer el influjo de la literatura occidental, que iba a introducir el verso (por influjo de la literatura polaca) y el teatro (el fundador fue Simeón Polotski). En este último género destacan como obras principales “Vida del arcipreste Avvakum” y algunas narraciones costumbristas anónimas como “Relato del dolor y la mala suerte”.

En el siglo XVIII siguen ganando importancia el proceso de occidentalización y el predominio de la literatura laica. Como en otros países europeos, se habla de un período de Ilustración (con una vuelta a lo clásico), en el que destacan autores como Antioj Kantemir (poeta especialista en sátiras), Mijaíl Lomonosov (considerado fundador de la literatura rusa moderna y científico además de escritor) y Vasili Trediakovski (gran rival del autor anterior). También se desarrolló la corriente del sentimentalismo (que buscaba una aproximación subjetiva a la realidad) y tuvieron un nuevo impulso el teatro (de la mano de Denis Fonzivin) y la lírica (principalmente gracias a Nilolai Karamzin). Sin embargo, es el siglo XIX el que es conocido como Siglo de Oro de la literatura rusa. En él alcanzan su apogeo la prosa y la poesía, dentro de un ambiente de patriotismo y de interés por loa revolución francesa. A este momento literario pertenecen los grandes maestros rusos: Alexander Pushkin, Mijáil Lermontov, Lev Tolstoi, Fiodor Dostoyevski, Iván Turguenev, Antón Chejov, Nikolai Leskov, Iván Goncharov o Alexander Ostrovski, entre otros, así como obras maestras como “Ana Karenina”, “Crimen y castigo”o “Los hermanos Karamazov".

El siglo XX trajo el paso del realismo al naturalismo, el simbolismo (con ideas de Shopenhauer y Nietzsche), el acmeísmo (liderado por Anna Ajmatova, con equilibrio entre el sonido y el sentido del texto) y las vanguardias. Todo dio un giro radical, sin embargo, con la llegada de la Unión Soviética y el comunismo en 1917, que provocó que una parte de los escritores se exiliasen (se habla de varios períodos u olas de salida del país) y otra se viera obligada a apoyar a la revolución para poder quedarse, con enfrentamientos entre escritores agrupados como proletarios y autores adscritos a la revolución, y con distintos movimientos como el neofuturismo (con una búsqueda creativa), el movismo (mezcla de partes documentales, visiones y ensueños) o la literatura de deshielo (renuncia al realismo socialista y retorno a los valores humanos perpetuos). En ese período tuvieron papel destacado escritores de tanto talento como Ivan Bunin, Boris Pasternak (autor de la célebre obra “Doctor Zhivago”), Sergei Yesenin, Mijail Shojolov, Mijail Bulgakov o Alexander Sholzhenitsyn (el primero, el segundo, el cuarto y el sexto fueron condecorados con el Premio Nobel de Literatura en 1933, 1958, 1965 y 1970 respectivamente). Por último, en el período post-soviético sigue habiendo lugar para la llegada de nuevos movimientos, como el conceptualismo (juegos y reducción al absurdo de objetos y clichés verbales del socialismo) o el post-modernismo (que refleja la crisis de fin de siglo), y espacio para grandes talentos como Joseph Brodsky (Premio Nobel de Literatura en 1987).

La literatura sobre Rusia

Tras las primeras y notorias aportaciones de los viajeros medievales Benjamín de Tudela e Ibn Battuta (al menos se sabe que llegaron a la ciudad rusa de Astrakhan) en sus libros “Libro de viajes” y “A través del Islam”, y tras un período de varios siglos en el que apenas tenían lugar los viajes de embajada de europeos a la Rusia occidental y los viajes de los propios rusos por Siberia, llegaría en los siglos XIX y XX la época dorada de la atracción y la fascinación por Rusia por parte de diversos y notables viajeros y escritores occidentales.

Si en el siglo XIX abrieron el camino Theophile Gautier y Lewis Carroll con los diarios de sus viajes por el gigantesco país euroasiático, en el siglo XX proliferaría la literatura de genios como Stefan Zweig, Joseph Roth (tal vez la amistad de ambos les llevó a titular con un idéntico “Viaje a Rusia”), Robert Byron (con “Rusia. Viajes por un mundo en cambio”), Walter Benjamin (“Diario de Moscú”), Josep Pla (“Viaje a Rusia”), Luis Pancorbo (“Caviar, dioses y petróleo”), Ramón J. Sender (“Madrid-Moscú. Notas de viaje”), Ryszard Kapuscinski (“El Imperio”), John Steinbeck (con “Viaje a Rusia”) o Paul Theroux (vuelve del Lejano Oriente a Europa atravesando Rusia en el Transiberiano). Merece especial mención la producción literaria que nació en torno a la Revolución Rusa, entre la que destacan John Reed con su “Diez días que hicieron estremecerse al mundo” y Vicente Blasco Ibañez con su “La revolución rusa de 1917”.

Lecturas propuestas

Ana Karenina (Lev Tolstoi)

Se trata de uno de los clásicos de la literatura rusa, enmarcado en lo más hondo del género realista. Familias de aristócratas rusos se ven envueltas en diversas intrigas y asuntos sentimentales que les llevan a tratarse, amarse y enfrentarse, mientras Tolstoi muestra los principales elementos que componen esa alta sociedad, como las carreras de caballos, las fiestas y tertulias en lujosas mansiones, los conciertos de música clásica, la alternancia de períodos pasados en Moscú, en San Petersburgo y en fincas rurales y los viajes de placer por la Europa Occidental.

Crimen y  castigo (Fiodor Dostoievski)

El genial Dostoievski narra las no siempre afortunadas peripecias de uno de los grandes personajes de la historia de la literatura, Rodion Romanovich Raskolnikov. Tras una serie de acontecimientos que desencadenan la ejecución de una acción que le cambiará la vida, el protagonista comienza una peregrinación que le va a llevar por lo más alto y lo más bajo de San Petersburgo. También sus familiares y amigos contribuyen a ponerle picante a esta sórdida historia. Y de trasfondo, fantásticas reflexiones filosóficas de Dostoievski sobre la vida, la psicología y el crimen.

Cuentos imprescindibles (Anton Chéjov)

Un compendio de relatos breves que ahondan en lo más profundo de la sociedad rusa del momento (el siglo XIX). El genio literario de Chejov tiene tal riqueza que en el libro se repasan los aspectos más destacados de las vidas de colectivos tan variopintos como los muzhiks –campesinos- o los pacientes de un manicomio, por no hablar de que el protagonista de uno de los relatos es miembro del género canino. Elementos de la cotidianidad rusa y un importante componente costumbrista se unen en una selección de relatos entre los que destaca “El pabellón número 6” (precisamente el que transcurre en un manicomio), con frecuencia publicado o representado de forma individual.

Dersu Uzala (Vladimir Arseniev)

Se puede decir que es uno de los clásicos de la literatura de viajes, a pesar de que lo haya escrito un autor que no sale de su propio país. Pese a que la historia de la colonización rusa de Siberia se podía dar por amortizada en ese momento, aún a principios del siglo XX quedaban importantes rincones y confines que se mantenían en buena medida desconocidos. El autor, junto al cazador Dersu Uzala, emprende un aventurero y salvaje viaje por la cuenca del río Ussuri, en una tremenda historia que es ejemplo de supervivencia, lealtad y fraternidad humana.

El imperio (Ryszard Kapuscinski)

Un excelente libro, a camino entre el ensayo y la literatura de viajes, a cargo de uno de los más célebres reporteros de la historia. La profesión le obliga a recorrer el largo y el ancho del gigante soviético, y aprovecha para contar los entresijos de la mentalidad soviética y los secretos de lugares tan remotos y particulares como Vorkuta (el principal centro de extracción de carbón del país, en el Ártico ruso), Ufa (el polígono químico del imperio soviético, en el centro del país) o Kolyma (la región del extremo oriental de Siberia). Mientras lo hace, el autor polaco deja un buen puñado de brillantes reflexiones de vida y de viaje.

Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura

Rusia es el país que cuenta con una mayor superficie en el mundo. Toda su parte norte está bañada por el Océano Glacial Ártico, y en el este el territorio llega hasta el Océano Pacífico. Entre sus fronteras se encuentra la extensa, inclemente y poco poblada región de Siberia, y varios accidentes naturales sirven para determinar las fronteras con otros estados (como la cordillera del Cáucaso) o para hacer de frontera interior entre la parte europea del país y la asiática (como los Montes Urales). Diversos ríos de enorme longitud y caudal cortan su superficie, destacando el Volga, el Ob, el Don, el Yenisei o el Amur, y en superficie rusa se encuentra también el lago más profundo del mundo, el Baikal.

Tras la formación de la primera federación de tribus eslavas conocida, la Rus de Kiev, en el siglo IX, tuvo lugar un hecho relevante en la historia rusa: el Gran Cisma que llevó a la separación de las iglesias ortodoxa y católica, que iba a marcar un profundo nivel de separación social y cultural entre los dos extremos de Europa. El traslado del centro de poder a Moscú, en el siglo XIII, trajo la época de los zares, caracterizada por la convivencia de esos dirigentes absolutistas, los nobles boyardos y una ingente masa de campesinos instalados en la pobreza, que duraría varios siglos. El siglo XX va a ser un período de los más intensos y radicales, con episodios históricos del país como la revolución de 1917 que llevó a la implantación del sistema socialista y comunista de la U.R.S.S., la participación en la Segunda Guerra Mundial y la protagonización de la Guerra Fría con Estados Unidos.

Rusia presenta la variedad cultural que es inevitable cuando se habla de territorios de tal extensión. La supremacía de la raza eslava y el proceso de homogeinización cultural que tuvo lugar durante la época soviética no han evitado la coexistencia y la convivencia de numerosas etnias y culturas, entre las que destacan las de los pueblos septentrionales de lenguas fino-ugrias (corelios, ostiacos, lapones y chukchis) y las de pastores de las estepas que penetraron en la taiga (buriatos, yakutos y tunguses). De la misma forma, en la Rusia actual hay lugar para repúblicas cristianas (todas las del oeste del país), musulmanas (como Chechenia o Daguestán), o con mezcla de creencias budistas y chamanistas (Buriatia o Tuva), e incluso una de ellas –Birobidjan- tiene mayoría judía.

 

 

 



Comparte el artículo en las redes sociales