La literatura de Tailandia

La literatura de Tailandia
La literatura antigua y tradicional tailandesa data del momento histórico en el que al país llegaron tanto la influencia cultural india e hindú (que llegó principalmente a través de las epopeyas históricas indias) como la del Budismo —en concreto la de la variante conocida como theravada—, y tiene por tanto una gran influencia de esas dos tradiciones. Eso ocurre precisamente en el momento en el que se constituyen reinos propiamente tailandeses, inicialmente conocidos como Siam o reinos siameses. Como se puede imaginar si se considera la naturaleza de esas influencias, la primera literatura tailandesa tuvo un claro carácter religioso. Y esa doble influencia trajo también cambios en cuanto al idioma en el que la literatura se producía, ya que si hasta ese momento la literatura del territorio tailandés se había dado en idioma chino, a partir de ese momento pasó a desarrollarse en sánscrito y en pali.
Se considera que la primera literatura nacional es la del período Sukhothai (siglos XIII y XIV), que se materializó o plasmó en forma de inscripciones en piedra con las que los antiguos thai intentaban dejar constancia de lo más destacado de su vida cotidiana. La inscripción más relevante es del año 1292, es conocida como el “Ramkhamhaeng”, y en ella el rey del mismo nombre trató de dejar constancia para la posteridad de la abundancia económica que imperó durante su reinado. Ya en el período Ayyuthaya, el siguiente relevante en la historia tailandesa, llegaron nuevas formas y temáticas literarias, ya que por un lado el verso se impuso sobre la prosa, y por otro lado cobraron fuerza temáticas como la religiosa (con obras sobre la vida de Buda, entre las que destaca “Maha chat” —que significa “El gran nacimiento”—), la amorosa (con obras como “Lilit phra Lo” —o “La historia del Príncipe Lo”), la histórica (con “Lilit Yuan phai” —“La derrota de los Yuan”—) y la viajera (con “Nirat khlong kamsuan” —“Un triste viaje”—). Otras obras relevantes, quizás de más difícil clasificación en cuanto a los temas, fueron “Trai Phum Phra Ruang” (uno de los primeros tratados cosmológicos tailandeses, que concibe el universo desde el punto de vista del budismo theravada tailandés), “Sam Kok”, en realidad la traducción de una novela histórica china escrita en prosa y no en verso y “El romance de Inao”, también una obra “importada”, pues se trata de la narración de las peripecias de un héroe nacional javanés. Más allá de obras, y hablando más de géneros, hay que hacer mención especial a la poesía lilit (a la que pertenecen las obras cuyo título comienza por esa palabra), un género poético que alternaba versos de diferentes métricas con el fin de crear una variedad de cadencias que hiciera de la poesía casi un tipo de música. Otros géneros destacados del período fueron el de los panegíricos reales (alabanzas a los reyes) y la poesía nirat (o poesía de despedida, consistente en la narración de viajes en el contexto de un amante ausente). En definitiva, se trata de una época histórica en la que la literatura gozó de gran esplendor, como bien se puede derivar del hecho de que los escritores eran atraídos a la corte.
Ya de un período posterior, más concretamente del Reino de Thonburi (el que, ya en los siglos XVIII y XIX y con capital en Bangkok, sucede a los reinos Sukhothai y Ayyuthaya, que tuvieron capital en las dos ciudades que reciben el mismo nombre), aparecen tanto la epopeya nacional, titulada “Ramakien” (se trata en realidad de una versión tailandesa del antiguo texto indio del “Ramayana”), como el que es considerado el poeta clásico más célebre del país, Sunthorn Phu, cuya principal obra es el “Phra Aphai Mani”, un cuento de hadas de estilo épico que cuenta con nada más y nada menos que casi 50.000 versos. Quizás en un escalón ligeramente inferior de importancia, también de este período es la obra “Khun Chang Khun Phaen”, que toma su nombre de sus dos protagonistas y es un poema épico de tipo folclórico en el que hay tanto aventuras marciales como triángulos amorosos que cumplen la misión de transmitir tanto la vida cotidiana como las costumbres tradicionales tailandesas.
Ya en los siglos XIX y XX, quizás lo primero que merece la pena destacar es que los dos primeros reyes siameses que conoció el siglo, Rama V y Rama VI, fueron escritores, principalmente de unos ensayos con los que pretendían aunar el conocimiento occidental con la considerada sabiduría tradicional tailandesa. Por lo demás, en ese siglo XX, así como en el XXI, en las letras del país han destacado figuras como las de Sri Burapha (uno de los novelistas más influyentes del siglo XX cuyas novelas afrontan el choque entre tradición y modernidad), Pira Sudham (uno de los autores tailandeses más traducidos a otros idiomas), Kukrit Pramoj (cuyas novelas reflejan la historia moderna de Tailandia), Kulap Saipradit (también conocido por su pseudónimo, Siburapha, quien a través de su obra ha defendido ideales democráticos), Chart Korbjitti (que ha escrito sobre la vida de la clase trabajadora y rural tailandesa y ha sido nominado para el Premio Nobel), Prabda Yoon (autor conocido y traducido en otros países), Rattawut Lapcharoensap (cuyos relatos narran la vida cotidiana en el país), Duanwad Pimwana (autora que ha explorado la comunidad rural tailandesa), Veeraporn Nitiprapha (quien ha sido elogiada por su estilo poético) o Uthis Haemamool (conocido por su estilo experimental y por su enfoque en el componente psicológico de sus personajes), entre otros autores.
La literatura sobre Tailandia
Fueron viajeros y cronistas tanto chinos como europeos los primeros en viajar a Tailandia y dejar constancia escrita de sus aventuras; desde el lado chino destaca la aportación de Zheng He, un almirante eunuco que servía a la dinastía Ming que hizo expediciones navales y contó sus relaciones —sobre todo comerciales— con los reinos siameses; por el lado europeo, hay que mencionar la obra de Tomé Pires, un boticario portugués que en el título “Suma oriental” dejó el primer registro europeo de la geografía, la economía y la sociedad del Reino de Ayyuthaya. En siglos posteriores, viajaron a Tailandia, y narraron sus peripecias, Jeremias van Vliet, Simon de la Loubere o Guy Tachard, quienes informaron sobre la cultura, la sociedad, la política y la corte siamesa.
De época moderna, y dentro del ámbito de la literatura de viajes, están dedicados a Tailandia los libros “Bangkok”, de Lawrence Osborne, “Los ciempiés también van al cielo. Crónicas mágicas de Tailandia”, de Gaspar Ruiz-Canela, y “Por qué a los tailandeses les gustan las salchichas?”, de Fernando Eiras Sotoca. Por otro lado, habla de Tailandia, aunque sea en conjunto con otros países del Sudeste Asiático, “Viaje al Mekong”, de Javier Nart, y en conjunto con otros países del mundo, “El gran bazar del ferrocarril”, de Paul Theroux, y “El camino más corto”, de Manu Leguineche. Dentro del ámbito del libro gráfico, en concreto de la acuarela, destaca “Tailandia. Cuaderno de viaje”, de William L. Warren.
Lecturas propuestas
Bangkok (Lawrence Osborne)
En este fantástico libro que se sitúa en la frontera entre la literatura de viajes y el ensayo, porque el autor, más que viajar a Tailandia, vive allí, y por tanto aporta su conocimiento de la cultura y la sociedad tailandesa desde dentro (aunque por supuesto, siempre desde la limitada perspectiva del extranjero), el autor nos presenta, nos explica y nos desgrana, si no todos, sí muchos de los barrios —algunos tan del extrarradio que nunca serán conocidos por los turistas— de esa ciudad singular, única y seguramente irrepetible que es la capital tailandesa. Junto a esos barrios, Osborne le presenta al lector, claro, a sus gentes. Y adicionalmente, el autor también cuenta algunas peripecias acaecidas fuera de Bangkok.
Viaje al Mekong (Javier Nart)
Se trata de un libro de literatura de viajes escrito por un periodista, en el que recorre varios países del Sudeste Asiático —en concreto Tailandia, donde comienza el viaje, Laos, Camboya y Vietnam—. En el caso concreto de Tailandia, país al que dedica unas 100 páginas del libro, el autor comienza su periplo en Bangkok, para después ir al norte del país, más concretamente a los lugares de Chiang Rai y Chiang Khong. A lo largo de las páginas del libro, Nart cuenta sus impresiones de algunos de los principales barrios de Bangkok, da algunas pinceladas de la historia del país y explica situaciones —muchas de ellas surrealistas— de las que encuentra a lo largo y ancho de su viaje.
El gran bazar del ferrocarril (Paul Theroux)
En este clásico de la literatura de viajes, el autor lleva a cabo un viaje en tren desde Londres hasta Japón, un periplo en el que, como no puede ser de otra forma, recorre múltiples países, siendo uno de ellos Tailandia. Así, entrando desde Laos y continuando hacia Malasia a bordo del tren conocido como Expreso Internacional, atraviesa el país, por supuesto deteniéndose en la capital, Bangkok, ciudad que disecciona y analiza desde su siempre sagaz punto de vista, y también visitando la ciudad costera de Hua Hin. Pero, como es habitual en él, tanto peso le da a lo que sucede en las ciudades como a lo que ocurre dentro de los vagones en los que viaja, en los que observa todo con intención analítica y mantiene conversaciones de las que extrae numerosas conclusiones.
El camino más corto (Manu Leguineche)
Otro libro mítico en el género de la literatura de viajes, en el que en este caso Manu Leguineche acompañado por un puñado de amigos da la vuelta al mundo, deteniéndose en Tailandia y contando sus peripecias en el país (de hecho, se trata de uno de los países a los que más páginas le dedica, ya que en él pasó varios meses antes de continuar viaje). El contrastado autor, referencia para muchos otros autores de literatura de viajes españoles, cuenta diversas situaciones y le muestra al lector cómo son las gentes no solo de Bangkok sino también de otras zonas del país (pasa un tiempo en una zona rural del norte de Tailandia), sin olvidarse de ofrecerle píldoras de la interesante historia del país y de su legendaria realeza.
Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura
Tailandia es un país ubicado en la Península del Sudeste Asiático, la cual comparte con Vietnam, Laos, Camboya, Myanmar y Malasia (merece la pena destacar que Tailandia es el segundo país más grande de la península por detrás de Myanmar). Se trata de un territorio que es montañoso en el norte y en el oeste del país pero no tanto en el sur y en el este, que tiene un clima tropical húmero y un paisaje principalmente de selva y que es atravesado por dos ríos de gran relevancia como el Mekong y el Mae Nam Chao Phraya.
En cuanto a la Historia, el pueblo thai es originario de China, aunque emigró a la Península del Sudeste Asiático para no tardar en formar culturas propias. Esas culturas evolucionaron y se constituyeron en reinos a la par que adoptaban una consciencia colectiva, pasando a erigir sucesivos reinos conocidos como siameses como los de Sukhothai, Ayyuthaya, Thonburi y Rattanakosin y permaneciendo como el único país del Sudeste Asiático nunca colonizado por una potencia europea. En el siglo XX, un golpe de estado puso fin a la monarquía absoluta (sustituyéndola por la monarquía parlamentaria) y trajo tanto la democracia (aunque salpicada de períodos de dictadura militar) como una constitución, lo cual no ha evitado que se hayan alternado períodos de estabilidad y de inestabilidad.
En lo que se refiere a la cuestión cultural, aunque el pueblo thai es clara mayoría (sin olvidar que dentro de ellos hay también subgrupos étnicos), en Tailandia hay muchos otros grupos étnicos, entre los que destacan los mon, los jemer y los malayos. También en el norte montañoso alberga minorías étnicas por lo general procedentes de países vecinos como China, Laos y Myanmar. En cuanto a lo religioso, domina claramente el budismo con un prácticamente 95% de la población (predomina la variante theravada), siendo islámico el 5% restante, que vive cerca de la frontera de un país islámico como es Malasia.