La literatura de Tanzania


País: 
Tanzania

La literatura de Tanzania

Como suele ser habitual en los países africanos, Tanzania cuenta con una gran diversidad étnica, por lo que comenzaremos con lo que fueron las literaturas orales de algunas de las etnias que más presencia tienen en el país. Una de las etnias predominantes, con alrededor del 16% de la población, es la de los sukuma, cuya literatura oral distinguía entre narraciones reales e imaginarias, con las primeras tratando de narrar los acontecimientos que influían en la vida de la comunidad (por desgracia, casi siempre negativos, duros y desagradables, como epidemias, sequías, inundaciones o enfrentamientos con otros grupos), y las segundas dejando espacio a la creatividad y la invención y siendo con frecuencia protagonizadas por animales como la ardilla, el camaleón o la araña, o por seres sobrenaturales como los ogros y los espíritus (ambos tipos de historia, en cualquier caso, tienen el denominador común de ser transmitidas de generación en generación y de tener un componente didáctico e instructivo, al querer fomentar el buen comportamiento). Otro de los grupos más relevantes del país es el de los nyamwezi, cuya literatura oral presenta la principal característica de contar con un relevante y conocido mito de la creación, por el que el mundo fue creado por el dios Mulungu, quien además viviría lejos de la Tierra evitando cualquier relación con los seres vivos, aunque vigilando cuanto acontece dentro del planeta (son también frecuentes, en cualquier caso, las historias protagonizadas por otras deidades, por espíritus, por antepasados, por seres sobrenaturales, etc, y con frecuencia esas narraciones acompañaban en ritos y ceremonias). También, como consecuencia de la influencia del cercano territorio de Kenia, y con cierta independencia de la etnia que habitase en cada territorio, se desarrollaron en el país formas poéticas propias del idioma suajili procedente del país vecino, como el utenzi, una manifestación de poesía narrativa que solía transmitir sucesos épicos. Por último merece la pena destacar que, también por esa relación con el idioma swahili, aunque evidentemente cada etnia desarrollaba la literatura oral en su propia lengua, mucha de ella era traducida a ese idioma predominante y difundida a través del mismo, ya que lleva siglos haciendo de lengua vehicular entre los distintos grupos que habitan el país y la región.

La literatura escrita es de tardía aparición en el país, ya que las obras escritas no harán acto de presencia hasta la etapa colonial, y merece la pena distinguir entre, por un lado, la literatura generada principalmente en suajili, aunque también en otras lenguas locales, y por otro lado, la elaborada en inglés (es interesante resaltar que, aunque Tanzania fue colonia alemana, apenas se desarrolló literatura en alemán, primero por la fuerte resistencia que el suajili ofreció a la lengua de los dominadores extranjeros, y segundo por el papel que el inglés no tardó en adoptar como lengua predominante en la región, lo cual tal vez no deba extrañar si se tiene en cuenta que alrededor de Tanzania había varias colonias inglesas, como Kenia, Uganda o Malawi). En el primer ámbito destacó, a principios del siglo XX, el autor Robert Bin Shaaban, principalmente poeta (aunque también ensayista y novelista) que luchó por preservar las tradiciones poéticas tanzanas, y de quien pronto tomaron el testigo en el protagonismo de las letras nacionales en lenguas autóctonas -y hasta llegar a nuestros días- Muhammed Said Abdulla (novelista que es considerado uno de los pioneros de la literatura popular en suajili), Aniceti Kitereza (clérigo dedicado principalmente a la novela, que fue el autor de la primera obra escrita en su lengua, el kikerewe), Mathias E. Mnyampala (autor de una generosa obra, entre la que destaca una aubobiografía o una historia del pueblo gogo), Euphrase Kezilahabi (dedicado a la poesía y la novela), Edwin Semzaba (autor de una generosa obra, principalmente en los géneros de la narrativa y el teatro), Amandina Lihamba (autora que se ha dedicado fundamentalmente al teatro), Faddhy Mtanga (escritor creativo que se ha prodigado en varios géneros y formatos), Ebrahim Hussein (poeta y dramaturgo) y Penina Muhando (que ha destacado sobre todo en el ámbito de la dramaturgia).

Un poco más tardío (ya de la segunda parte del siglo XX, y no de primeros de ese siglo) es el desarrollo de la literatura en inglés, ya que la primera obra vino en 1968 de la mano de Peter Palangyo (fue la novela “Dying in the sun”, que además es considerada una de las obras más representativas del Modernismo africano del período); no tardó en seguir sus pasos Gabriel Ruhumbika (quien se ha dedicado a la novela y el cuento, por lo general con una intención de promover el panafricanismo -ha escrito en suajili además de en inglés-), Elieshi Lema (novelista que ha ganado premios a nivel continental, que ha sido traducida a idiomas europeos, y que también se ha dedicado a la literatura juvenil e infantil) y por supuesto, Abdulrazak Gurnah, sin duda el escritor tanzano que mayor prestigio y proyección internacional ha alcanzado, no solo ganando premios de literatura a nivel del continente africano sino también obteniendo el Premio Nobel de Literatura en el año 2021 (aunque por lo que más conocido ha llegado a ser ha sido por la novela, también ha escrito cuentos y relatos cortos y ensayo).

La literatura sobre Tanzania

Entre los primeros testimonios de extranjeros llegados a lo que hoy es Tanzania, se cuentan las crónicas y relatos de los primeros navegantes portugueses que consiguieron doblar el Cabo de Buena Esperanza y gracias a ello conocer la cara oriental de África (en concreto fue la expedición comandada por Vasco da Gama la primera en hacerlo). Después, el interior de África se convirtió en un misterio que los europeos querían conocer, así como en una fuente de retos viajero-exploratorios (generalmente para ser el primero en ver / descubrir un lugar), y Tanzania fue una de los principales escenarios y puerta de entrada de esas expediciones. Así, merece la pena destacar las expediciones y testimonios de viajeros notables -generalmente del ámbito anglosajón- como David Livingstone, Richard Francis Burton o John Hanning Speke, entre otros. Ya del siglo XIX es “La vida en un harén del siglo XIX”, de Emily Ruete.

En tiempos más modernos, destaca la obra de Javier Reverte (que escribe sobre Tanzania en dos de los tres libros de su trilogía africana, como “El sueño de África” y “Vagabundo en África”), Ryszard Kapuscinski (que también lo hace en su mítico “Ébano”, así como en su obra póstuma “Viajes con Heródoto” y en “Estrellas negras”), Jordi Serrallonga (con su “Los guardianes del lago. Diario de un arqueólogo en la tierra de los Masai”), Jordi Esteva (con “Los árabes del mar”), Xavier Moret (con “Tras los pasos de Livingstone” y “Dr. Livingstone, supongo”), Joseph Thomson (con “A través de la tierra de los masais”), y Jane Goodall (con “Gracias a la vida”, en el que cuenta su trabajo de investigación de especies animales del país).

Lecturas propuestas

Paraíso (Abdulrazak Gurnah)

Se trata de una novela que es considerada la obra principal o más relevante de este autor tanzano que es nada menos que ganador del Premio Nobel de Literatura en 2021. Ambientada en un tiempo pretérito, narra la historia de un joven, casi un niño, que es arrebatado de su lugar de origen para iniciar un largo viaje acompañando a su supuesto tío. Con el devenir de la historia, tanto el niño protagonista de la historia como el lector van descubriendo que casi nada es, ni significa, lo que habían pensado en un primer momento, y juntos se irán adentrando en un mundo nada sencillo dominado por fuerzas colonizadoras venidas desde muy lejos, por intereses comerciales, por ancestrales creencias y tradiciones, y por aquello que está detrás de casi todo lo que se hace en este mundo: las pasiones humanas.

El sueño de África (Javier Reverte)

En este clásico de la literatura de viajes español, Reverte escribe sobre el que sin duda se erigía como su continente favorito, como él reconoció en más de una ocasión (de Tanzania en concreto, dice, de hecho en este libro, que es uno de los países más  sorprendentes y hermosos de la Tierra). Con un periplo que le lleva por lugares como Dar es Salaam, Zanzíbar o Bagamoyo, entre otros, el autor persigue las huellas de un mundo de otra época, ese en el que la costa oriental de África era un auténtico centro neurálgico del comercio de la civilización árabe que se había asentado allí, un mundo de luces, aunque también de muchas sombras (al menos lo son todas las que conciernen al tráfico de esclavos que allí se practicó). Y como no podía ser de otra forma, también se fascina con la maravilla del mundo animal de África, en concreto el cráter del Ngorongoro.

Vagabundo en África (Javier Reverte)

En este otro libro, constituido por la narración de las vivencias del que fue su segundo viaje al continente africano, también hay espacio para Tanzania, y es que Reverte revive sensaciones volviendo a una Dar es Salaam que ya reconoce que le atrae y viendo animales (en este caso en la reserva de Selous), aunque también visita lugares nuevos, como Kilwa o Mwanza y persigue nuevos intereses, como los concernientes a la época en la que sobre el territorio tanzano se erigía una colonia alemana, o a los que tienen que ver con la belleza de una de las joyas naturales del país, el Kilimanjaro. En este libro, como en el anterior, Reverte utiliza su habitual fórmula de intercalar la narración de su propio viaje con generosos fragmentos de documentación sobre la historia del país.

Los árabes del mar (Jordi Esteva)

Se trata de un libro en el que el autor catalán trata de perseguir las huellas de aquellos maravillosos tiempos en los que, gracias a los vientos monzones, el Océano Índico era una excelente vía de comunicación e intercambio entre distintas civilizaciones. En concreto era de la costa suajili de donde partían las expediciones, y para recrear aquel mítico ambiente, Esteva visita lugares tanzanos como Zanzíbar o Pemba (además de otros en países vecinos), para fascinarse con sus dhows -el tipo de barco que se usa en la región-, sus chozas de barro, sus tradiciones, sus leyendas, sus hospitalarias gentes, y en definitiva, con un mundo que realmente le fascina y que a través de su entusiasta escritura termina fascinando al lector.

Ébano (Ryszard Kapuscinski)

En este clásico mundial de la literatura de viajes, sobradamente conocido por ser el medio en el que Kapuscinski plasmó gran parte del conocimiento que llegó a adquirir del continente africano, el autor dedicó a Tanzania, y en concreto a Dar es Salaam y Zanzíbar, unas veinticinco páginas, un espacio que tal vez no es gran cosa cuantitativamente hablando, pero que en lo cualitativo permitió al reportero polaco tomarle el pulso a la realidad del momento del país, recordar la horrenda época del comercio de esclavos, analizar la actividad económica de Zanzíbar o compartir detalles de su actividad periodística, entre otros contenidos.

Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura

Tanzania es un país de tamaño medio para el estándar africano, que se sitúa en el este del continente, con una larga costa que históricamente le ha reportado notables beneficios en el ámbito del comercio y también en el establecimiento de relaciones con otras civilizaciones. Por lo demás, además de la notable riqueza étnica y biológica de la que el país puede presumir, merece la pena destacar que en su territorio se encuentra algunos de los más notables accidentes geográficos de África, como el Kilimanjaro (el pico más alto del continente) o los Lagos Victoria, Tanganika y Malawi (son algunos de los que forman el conjunto conocido como Grandes Lagos de África, y son compartidos por Tanzania y por otros países).

En lo que se refiere a la historia del país, merece la pena destacar que Tanzania es uno de los lugares en los que se han encontrado evidencias de asentamientos humanos más antiguos. Por lo demás, antes de la llegada de los europeos vivían en el hoy territorio tanzano una serie de pueblos y de etnias que se vieron obligados a entrar en el juego de los comerciantes europeos que fueron llegando a aquellas costas, a veces siendo convertidos en esclavos, a veces siendo cómplices de esa horrorosa práctica. Portugueses, alemanes y británicos se fueron pasando el dominio del hoy territorio tanzano, antes de que el país consiguiera la independencia a primeros de los 60s del siglo XX. Aunque el país libró una guerra con Uganda en 1979, ha tenido una trayectoria relativamente estable dentro del estándar de los países africanos, con democracia consolidada desde mediados de los 90s.

En lo cultural, es Tanzania un país guiado por la cultura y la lengua suajili, una suerte de evolución cultural predominante en Kenia y el norte de Mozambique además de en Tanzania, que se ha nutrido de diversas fuentes entre las que cabe destacar lo árabe y lo autóctono del Este de África. Además, merece la pena destacar la notable diversidad étnica del país, con algo más de cien grupos étnicos principalmente de origen bantú (entre ellos se cuentan algunos que han llegado a ser muy icónicos en el imaginario occidental, por el mantenimiento de sus condiciones tradicionales de vida -uno de ellos es el de los masai-). En lo religioso, destaca la presencia de casi dos tercios de población cristiana, por algo más de un tercio de población musulmana, ello sin olvidar la permanencia de creencias animistas, o al menos de sincretismo, en todo el país.



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