Crónicas históricas de la circunnavegación de África


África, un continente en una ubicación estratégica

África es el continente que, aunque en una posición más meridional que las que ocupan Europa y Asia, de alguna forma ha sido puente o lugar de paso en las rutas que han comunicado esos dos continentes, que bien pueden considerarse los que un mayor desarrollo económico, cultural y social alcanzaron en primer lugar. Por lo tanto, y debido a las dificultades que el paso directo (por tierra) de Europa a Asia —o viceversa— ha presentado por motivos de distinta índole (geográficos, por la presencia de cordilleras, estepas y desiertos, o humanos, por la existencia de imperios infranqueables o pueblos belicosos), la circunnavegación de África, que permitía sortear esas dificultades, se ha erigido en una ruta histórica de vital importancia que en consecuencia ha generado la producción de no pocas crónicas de lo que los viajes, expediciones y circunnavegaciones deparaban. A repasar en forma comparativa esas crónicas históricas en las distintas fases que han atravesado es a lo que está destinada esta nueva entrada de la web, dando en cierto modo continuidad, y ampliando, una entrada anterior de esta misma sección de Literatura Comparada que se refería al misterio que históricamente ha supuesto el interior del continente africano, así como a los relatos y crónicas que su exploración ha deparado.

La circunnavegación de África en la Antigüedad

Ya los pueblos e imperios de la Antigüedad navegaron las costas de África. Los que parece que fueron los primeros en hacerlo fueron un pueblo asiático como los fenicios, aunque en una operación orquestada por un imperio africano, el del Antiguo Egipto, de la que se dejó constancia en el seno de una civilización europea, la de la Antigua Grecia. Más concretamente fue el historiador y autor griego Heródoto quien en su “Libro IV” perteneciente a la serie “Los nueve libros de la Historia” da cuenta de una expedición insólita e histórica por lo meritorio teniendo en cuenta los medios de la época. Patrocinados por el faraón egipcio Necao II, los navegantes fenicios circunnavegaron África de forma completa (partieron del Mar Rojo y aparecieron en el Mar Mediterráneo) en un tiempo total de unos tres años.

En su crónica, Heródoto da cuenta de las características de la flota, de las técnicas de supervivencia empleadas por la tripulación (según detalla el autor griego, cada otoño los tripulantes desembarcaban en la costa, sembraban trigo y esperaban la cosecha antes de continuar navegando) y de los descubrimientos que los fenicios hicieron (uno de ellos, de gran valor en la época, fue el de que una vez rodeado el extremo sur del continente africano y cuando ya estaban navegando hacia el norte, el sol salía por el lado derecho de la embarcación).

Hazañas navales genovesas y mallorquinas

En la Edad Media, serían navegantes europeos quienes tomasen el testigo de los fenicios, acometiendo la circunnavegación de África en sentido inverso por razones geográficas lógicas de la ubicación de cada uno de los pueblos. Y más concretamente fueron navegantes genoveses y mallorquines quienes asumieron el protagonismo y la responsabilidad. En el caso de Génova, que era una de las potencias comerciales y por ende económicas de la época, los hermanos Vivaldi (Ugolino y Vadino) partieron de la ciudad de la Liguria para, circunnavegando África, llegar hasta la India, en una expedición que fue patrocinada por la conocida —y rica— familia Doria y que terminaría de forma misteriosa y trágica, pues las dos naves que formaron parte de ella se perdieron para siempre en el océano sin que nunca se volviera a saber más de ellas. La hazaña quedó documentada en al menos dos libros: los “Anales de Génova”, de Jacobo Doria, y “El libro del conocimiento”, un manuscrito anónimo escrito en castellano.

Por la parte mallorquina, fue el navegante Jaume Ferrer quien, a mediados del siglo XIV, intentó, aunque no consiguió la circunnavegación de África (solamente pudo llegar hasta la actual Gambia); la expedición quedó plasmada en el “Atlas Mallorquín” (a veces conocido como “Atlas Catalán”), obra del cartógrafo judío Cresques Abraham.

El imperio que se autoconstruyó a partir de la circunnavegación de África

No demasiado tiempo después, a finales del siglo XV, y precisamente apoyados en los avances conseguidos por los navegantes genoveses y mallorquines, iban a ser marineros de un ya incipiente estado portugués que pronto iba a devenir en imperio, quienes iban a continuar llegando un poco más allá en la circunnavegación de África. En el caso portugués no fue una, sino que fueron varias las expediciones que se acometieron, destacando la emprendida por Gil Eanes en 1434, que llegó hasta el Cabo Bojador, la que lideró Bartolomé Dias en 1488, que dobló el Cabo de Buena Esperanza, y la capitaneada por Vasco da Gama en 1498, que completó el viaje a la India circunnavegando África. Las obras literarias que dan fe de estas proezas navales son por un lado los “Diarios de Vasco da Gama), que documentaron la expedición que consiguió la circunnavegación completa del continente africano, y una serie de manuscritos recopilados por Valentim Fernandes que ofrecen testimonio no de una, sino de varias de las expediciones portuguesas que tuvieron lugar en la época (a falta de un nombre oficial, precisamente a esa compilación se le conoce con el nombre de “Manuscritos de Valentim Fernandes”).



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