Escritores y escritoras que inspiran, por Elvira Martín

Dos escritoras que son gigantes de la literatura

A menudo los periodistas o los lectores sienten curiosidad por los motivos que movieron a un escritor a dedicarse a la escritura, o por saber qué escritores les influyeron en su, digamos, arte la de redacción o de la expresión. Voy a intentar argumentar este fenómeno por la parte que me toca personalmente.

Siempre he tenido afición a la lectura y con ella llegó el deseo de escribir, lo que no tardó en convertirse en una necesidad vital. Desde la adolescencia he escrito poemas o narraciones que no conllevaron la posibilidad de convertirse en relatos largos o novelas; fue en la edad adulta cuando conseguí plasmar esta necesidad y como otros escritores,  como por ejemplo José Saramago, soy una escritora tardía. Me resulta muy difícil decantarme por un escritor o una escritora concretos porque cuando se es un apasionado de la lectura es inevitable que exista una extensa cantidad de autores que influyan directa o indirectamente. Sin embargo, en esta ocasión voy a decantarme por la generación de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. El realismo español y principalmente el realismo social me seducen sobremanera; voy a elegir a dos escritoras, a mi modo de ver, gigantes de la literatura como son Carmen Laforet y Ana María Matute, aunque existen otras que son igualmente gigantes de la literatura. Dos mujeres que, sin dejarse desmoralizar por los traumas de la época, la guerra civil, la posguerra y sus consecuencias, supieron hablar de ello y mirar hacia el futuro.

Max Frisch, una visión de la sociedad masculina y de la femenina

No voy a extenderme sobre ellas, pero hablaré algo más de algunos autores que me han influido mucho y que casi he hecho míos. El primero es el suizo Max Frisch, principalmente por sus obras “Don Juan o el amor a la geometría”, Stiller” y “Homo Faber”. Este escritor me sumergió directamente en los problemas de identidad aparecidos tras la Segunda Guerra Mundial. En “Don Juan”, Frisch nos presenta a un personaje más matemático que mujeriego; el hecho de seducir a las mujeres no es sino algo accidental sobrevenido independientemente a su voluntad, más bien debido a que las mujeres le persiguen; esto le empuja a que, estando a punto de casarse y ya en el altar, decida no casarse y huya de la iglesia. Don Juan espera liberarse de las mujeres, de ese obstáculo en su vida, a través de su conocimiento y dedicación a las matemáticas y la geometría, pero a pesar de ello, nunca conseguirá que la razón pura le aporte la libertad necesaria en su vida. “Stiller” y “Homo Faber” son historias retrospectivas, puesto que el primero escribe en prisión y el segundo, en un hospital. Stiller se centra en la búsqueda de su identidad como individuo en una sociedad que él considera masificada; es el individuo enfrentándose a una identidad pasada que no reconoce puesto que considera que su verdadera identidad es la más actual. Tanto uno como otro, intentan liberarse de la tradición que la sociedad les ha asignado. Los dos se desenvuelven en un círculo  que, prácticamente, está vedado a las mujeres porque estas presentan un obstáculo en la realización masculina. Faber se acerca mucho a Edipo debido a su fracaso existencial, a la ruptura del orden natural de la existencia debido al incesto y la ceguera sobre sí mismo.

Max Frisch nos ofrece una visión de la sociedad masculina apoyada en la técnica y la perfección mientras que las mujeres parecen estar unidas a la naturaleza y su ciclo natural, es decir el de la vida y la muerte. Don Juan está sometido a las circunstancias que le obligan a ser libertino y Stiller rechaza su antigua identidad, pero se ve obligado a readoptarla.

Tennesse Williams, enfrentamiento entre dos mundos

El segundo escritor del que quiero hablar es Tennesse Williams, dramaturgo estadounidense. De él me atrajo el que gran parte de sus personajes no fueran importantes en la sociedad, no estuvieran bien situados ni gozasen de privilegios, sino que fueran los perdedores e inadaptados de la sociedad. Con este autor permanecemos en la época de posguerra en la que agonizan estructuras sociales, formas de vida, tradiciones y conceptos y se enfrentan dos mundos, el tradicional, aristocrático y racista anterior a la guerra y otro que brota de la inmigración, el proletariado de expresión brusca, pero directa y acertada.

En “Un tranvía llamado Deseo”, asistimos al enfrentamiento entre estos dos mundos personalizados por Blanche y su cuñado Stanley. Ella forma parte de una clase social venida a menos, pero regida por las tradiciones, los prejuicios y tabúes; refinada y culta, mientras que él es un inmigrante polaco tosco y muy varonil que domina física y emocionalmente a su mujer (hermana de Blanche). Tanto Blanche como Stanley se sienten atraídos el uno por el otro al mismo tiempo que se repelen, hasta que el drama estalla, puesto que su atracción sexual lleva a la violación de Blanche por su cuñado, acto que desvelará el desequilibrio que llevará a Blanche a un hospital psiquiátrico.

Con “La gata sobre el tejado de zinc” nos encontramos con los temas habituales del autor, es decir, el alcohol, los problemas afectivos, la sexualidad, o las costumbres sociales, esta vez dentro de una familia propietaria de una plantación en el sur inmersa en grandes crisis de familia, de enfermedades, de herencia y de afectos. Todo en el espacio de un fin de semana en que la familia se reúne para celebrar el cumpleaños del padre y su recuperación de una enfermedad terminal. El drama estalla poco a poco, a medida que se van desvelando los secretos a medias, los silencios, las rivalidades y las pretensiones de unos y otros.

Mario Vargas Llosa, maestro en clases sociales y secuencias temporales

Finalmente hablaré un poco del tercer escritor que me ha influido, principalmente con dos de sus novelas iniciales, me refiero a Mario Vargas Llosa y sus novelas “La ciudad y los perros” y “Conversaciones en la catedral”. La primera pertenece a la década de los sesenta del siglo pasado y a través de ella encontramos representadas todas las clases sociales dentro de una escuela militar en la que los niños deben convertirse en hombres. Sin embargo, tras sus paredes se esconde una crueldad tal que provocará la muerte de alguno de ellos. Estas faltas serán ocultadas porque no se debe traicionar al ejército. Es una narración con secuencias temporales alternas del presente y el pasado en las que el escritor parece jugar con el lector y su capacidad de comprensión.

En “Conversaciones en la catedral” entramos dentro de la sociedad por medio de la clase alta limeña, pero también de la clase baja trabajadora a su servicio y los abusos de que ésta es objeto, como la discriminación y el racismo. También están las mujeres de las que se usa y abusa según cada uno lo considere conveniente, desde las esposas descerebradas ocupadas de la moda y el prestigio social, las pequeñas comerciantes, las sirvientas casi invisibles para sus empleadores o acosadas por sus hijos, las prostitutas consideradas mientras son útiles y abandonadas cuando dejan de serlo, y los desclasados, que por diferentes razones no se sitúan en ningún círculo social, pero que desean encontrar su lugar personal adecuado.

Todos estos escritores y escritoras me gustan por su dominio de la sintaxis, las estructuras lingüísticas, las figuras retóricas y literarias, y la arquitectura narrativa. Me gusta que comiencen casi con la representación de una situación impecable en la que reina la normalidad para, poco a poco desgranar una serie de dificultades, problemas, secretos y tabúes que establecen un presente enrarecido por el pasado, el cual marcó las relaciones de un grupo y desencadenó la disgregación o la ocultación de un problema inicial, como un pecado original, forzando a los personajes a vivir una realidad paralela en la que, supuestamente, nunca sucede nada.

Elvira Martín es autora de tres obras de narrativa, y se ha visto influida por los escritores y escritoras de los que habla en este artículo. Elvira es miembro de la Plataforma de Escritores de Latina y Carabanchel.