La relevante figura de los narradores de historias de África Occidental

griot

Literatura oral en el mundo

En todos los lugares del planeta, la primera forma que adoptó la literatura fue la oral, puesto que, ya desde mucho antes de que aparecieran las primeras lenguas escritas, y aún de que estas se utilizasen para plasmar historias, estas se transmitían de forma hablada de una generación a otra, quedando para la posteridad el conjunto de cuentos, leyendas, fábulas, proverbios, genealogías, tradiciones o canciones que, no solo caracterizaban a cada pueblo o comunidad de cuantos habitaban en el planeta, sino que también ofrecían información sobre la forma de entender y concebir el mundo que cada pueblo tenía.

Sin embargo, a pesar de esa universalidad de la literatura oral apuntada, si hay una región en el que esta ha sido especialmente relevante, esa no es otra que África, más concretamente el África negra, aunque solo sea porque la aparición de la escritura fue algo más tardía que en otras zonas de África o que en otros continentes que desde antes contaron con lenguas escritas como el sumerio, el acadio, el egipcio, el griego, el latín, el sánscrito, el chino o el maya, entre otros.

La figura de los griots en África Occidental

Es en la parte occidental del continente africano donde tal vez mejor puede apreciarse la dimensión que la narración oral de historias alcanza. Allí, la figura del narrador de historias toma el nombre de griot (se trata de un nombre y una figura identificable en, al menos, los actuales países de Malí, Senegal, Mauritania, Gambia, Guinea Conakry y Guinea Bissau -aunque, por supuesto, los griots ejercían su rol desde mucho antes de la aparición de las ficticias fronteras actuales en África, definidas por los europeos-). Si se prefiere hablar de pueblos o etnias, hay griots en las comunidades de las etnias mandé, fulbé, hausa, serer o mossi, entre otros.

En la figura del griot convergen una serie de roles entre los que se cuentan el de poeta, el de juglar, el de trovador, el de historiador, el de bardo, el de sacerdote, el de diplomático, el de consejero, el de mediador en disputas, el de cantante o el de músico, entre otros. Porque el de contar historias era un arte que tenían un pequeño componente de todas esas disciplinas. Las historias que el griot contaba se encontraban a medio camino entre lo real y lo ficticio, entre la historia y la leyenda, entre lo verídico y lo inventado, ya que, además de ser un verdadero depósito de la memoria colectiva del pueblo o comunidad al que pertenecía, el griot también debía ser capaz de improvisar e inventar cosas sobre la marcha si la situación lo requería. En cuanto a los instrumentos musicales que los griots utilizaban, se cuentan el kora (un instrumento de cuerda relativamente similar al arpa o al laúd), el khalam (una caja de resonancia de cuerpo hueco hecha con madera y piel de cabra), o el goje (una suerte de violín), entre otros. Por lo demás, merece la pena destacar que el griot solía pertenecer a una especie de casta, como consecuencia de que la mayoría de ellos solamente contraían matrimonio con otros griots (y es que, también hay mujeres griots, siendo una diferencia entre ambos sexos la de que las mujeres se caracterizan por un mayor peso del testimonio cantado en lugar de hablado).

Pasado, presente y futuro del griot

La presencia del griot en las comunidades africanas es muy antiguo, sabiéndose con certeza que ya estaban presentes en el seno del Imperio Malí, que tuvo su apogeo en el siglo XIV (aunque es más que probable que ya vinieran desempeñando su rol desde mucho tiempo antes). En el Imperio Malí, cada rey, cada emperador y cada guerrero contaba con su propio griot.

En la actualidad aún desempeñan su papel tradicional, y están presentes en numerosas poblaciones de los países arriba mencionados, en las que ofrecen sus servicios a las familias, que les preguntan acerca de aspectos del pasado de su linaje, de la historia del pueblo en el que viven, y también del futuro. También tienen como funciones principales las de tratar de generar un clima de paz, tender lazos entre distintas familias o tratar de que estas se centren en lo positivo y no en lo negativo de sus vidas. Sin embargo, los tiempos han cambiado y, aunque siguen desempeñando ese rol tradicional que tienen asignado dentro de la comunidad después de por lo general haberlo heredado de padres, abuelos, etc, en la actualidad con frecuencia los griots tienen otros trabajos -algo que históricamente no había ocurrido-, y también se nota el paso del tiempo en el hecho de que actualmente no es extraño verles cobrar en dinero, algo que tampoco les había caracterizado (se les retribuía con otros productos o servicios que se ofrecían a cambio, o en ocasiones también con tierras).

¿Y qué se puede decir sobre el futuro de ese rol? Nadie puede adivinarlo, pero si la globalización o la digitalización -entre otros fenómenos modernos- no han terminado con ellos, quiero pensar que no será sencillo que otros por venir -como la inteligencia artificial- lo hagan, al menos no en una región del mundo en el que la narración de historias lleva tantos siglos siendo tan valorada, tan estimada, y tan apreciada.

 



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