La maravillosa simbiosis entre leer y viajar, por Josep Antonio Pujante

Introducción

Cuando Sergio Gonzalo, gran aficionado a los viajes y a la literatura, me sugirió escribir algún texto relacionado con esos dos sustantivos no pude negarme; tan sólo le expresé mis dificultades para disponer de tiempo, debido a las múltiples responsabilidades que me mantienen ocupado en varios frentes. ¿Qué se podría añadir a lo mucho que se ha publicado sobre la magia de viajar por el mundo...? Está casi todo dicho, pero cada persona vive el viaje a su manera; sea una excursión de largo recorrido o una breve incursión no lejos del hogar. Lo importante no siempre es el destino sino el trayecto y lo que se siente durante esa experiencia. 

Lecturas inspiradoras en la infancia

Sin duda, las muchas lecturas de la infancia fueron el gran crisol en el que se gestaba ese magma hirviente de ideas, de sueños, de paisajes exóticos y lejanos, que luego se consolidaría en una personalidad firmemente estructurada y con indeleble vocación de viajero. Esa manera de entender la vida, siempre en movimiento, con verdadera pasión por conocer la geografía y la historia de nuestro mundo, ya la he ido plasmando en los 22 libros publicados hasta ahora, que destilan gratitud por tener el privilegio –arduamente trabajado- de recorrer el planeta. Cada caso es diferente, pero en el mío evoco con frecuencia la motivación que representó para aquel niño enfermizo que fui, débil y desnutrido (cardiopatía, hepatitis, amigdalitis pultáceas de repetición, vómitos frecuentes, resfriados, dolores musculares, acetonemia...) el hecho de sumergirse en los relatos de las grandes aventuras. Aquellos libros -pero antes los cómics de Tintín en su periplo incesante por tierras diversas- fueron ventanas abiertas a mundos maravillosos, donde el esfuerzo, la dureza, el riesgo, la aventura, el miedo, el peligro,  la audacia, el compañerismo... permitían realizar hazañas a seres humanos como los demás pero impulsados por una inefable pasión, por un proyecto en el que ponían todo su entusiasmo, sus energías y su vida... 

Entrelazando lecturas, viajes y vida

Así, con el paso el tiempo y el seso sorbido por las lecturas -como un Don Quijote con mapamundi- pasé de leer a viajar. ¡Qué dos verbos! Leer me transportó oníricamente a paisajes de ensueño sin moverme de casa; viajar me permitió materializar aquellas fantasías que parecían inalcanzables. Cualquier excusa fue buena para subir a un coche, a un tren, a un barco, a un avión, a un caballo y cambiar de entorno. Unos viajes fueron debidos a expediciones clásicas, de hasta cuatro meses (Himalaya, Ártico, Antártida, selvas amazónicas, junglas en el corazón de África, desiertos inmensos...) otras veces el motivo fue una misión diplomática en países en paz o en escenarios de guerra, o un proyecto de cooperación humanitaria, como médico con vocación de antropólogo. 

Aquella debilidad del niño enfermo evolucionó a fortaleza física y mental, en las montañas, en la soledad del Himalaya, en las zonas polares, en las sabanas; un endurecimiento moral y psicológico que confiere al curtido viajero capacidad de resistir toda clase de incomodidades que soporta con estoico placer. Puro hedonismo. No habría tiempo ni espacio aquí para narrar episodios de viajes inolvidables, pero contemplar el Salto de Ángel, las cataratas Victoria, las cataratas de Iguazú, las selvas del Ruwenzori, moverse clandestinamente para prestar asistencia sanitaria en la guerra de Siria, en la de Irak, en la de Sierra Leona o en países difíciles son el mejor premio que puede recibir el viajero que antes leyó y se impregnó del espíritu de trotamundos. 

Viajar debería conjugarse como esos verbos de las acciones más naturales del ser humano; como respirar, comer, beber, dormir, soñar, amar, andar, correr... esos infinitivos que están permanentemente presentes en nuestras vides. Son la esencia de la existencia, la clave de la felicidad. Hay que viajar y seguir leyendo y escribiendo lo vivido para que otras personas descubran su vocación viajera gracias a la lectura...

Josep Antonio Pujante es médico, alpinista y escritor, además de ser doctor honoris causa por varias universidades, de haber participado en diversas misiones diplomáticas y de paz por todo el mundo y de ser presidente de una asociación que difunde los valores del deporte y del olimpismo. Ha coronado cumbres emblemáticas de nuestro planeta, como el Kilimanjaro, el Everest, el Aconcagua o el Mc Kinley, entre otras, y también ha ascendido a la cima más alta de cada una de las siete islas más grandes de la Tierra y llegado a los dos polos. Gracias a toda esa trayectoria viajera, es miembro de la Royal Geographical Society de Londres, del The Explorers Club de Nueva York y del Himalayan Club de Bombay. Además, es autor de numerosos libros de temática viajera-alpinista, entre los que destacan “Rumbo a las siete islas”, “Las cumbres del Nilo”, “Peregrinos en el Chogori”, “En busca del séptimo cielo” o “Más allá de las siete cimas”.