La vuelta al cole y la importancia de la lectura
Ahora que no sabemos ni dar un paso sin las nuevas tecnologías resulta que al preguntar por la vuelta al cole, nos responde Google con un listado casi interminable de lugares donde adquirir, no sólo el material necesario para empezar el curso sino cantidad de objetos tuneados para tentar a cualquier escolar (para niños y para niñas, para adolescentes de todo tipo y para padres y profesores caprichosos), a supuestos precios de ganga. La vuelta al cole es un negocio suculento que hace su agosto en septiembre.
Ante las abultadas facturas, quizá se nos queden en segundo plano las emociones, pensamientos y experiencias de los protagonistas de tal evento. Añade a tu carrito de la compra, literatura. Mucho más importante que el equipamiento: ropa, calzado y mochila con todo su contenido, no sólo para los alumnos, también los profesores necesitan su intendencia, mucho más importante, decía, es el bagaje físico y mental del personal que va a llenar las aulas, patios y pasillos de los centros escolares con una prioridad indiscutible: aprender unos lo que enseñan los otros. Simplificando mucho el concepto de la enseñanza porque, tenga la bondad de levantar la mano aquel docente que no ha aprendido y sigue aprendiendo de sus discípulos, sin perder de vista que la educación del ser humano es un proceso que comienza al nacer y termina con el último suspiro, que vivir, en resumen, podríamos decir que consiste en poco más que respirar y aprender. Y una de las mejores autopistas del aprendizaje es la lectura; cualquier tipo de literatura será útil para contribuir a formar y enriquecer la mente, la personalidad. Tanto cuanto más lean nuestros alumnos, tanto cuanto más leamos todos este curso que comienza, así lo terminaremos como más cultos, mejor educados y por lo tanto, más sólidos, más libres.
Educación y educación
Escuela, colegio, instituto, academia, centro educativo en general, es un lugar en el que sus ocupantes aprenden y enseñan, relación recíproca aunque escorada hacia la instrucción de los alumnos por parte de los maestros. Relación que implica como componente imprescindible el respeto mutuo, concepto que, no sólo es fundamental, sino que yo creo que es uno de los pilares indiscutibles de la convivencia y por tanto, de la educación.
Alguna voz se oye por ahí predicando que el respeto en las aulas empezó a perderse cuando los profesores permitieron el tuteo, por ambas partes y sobre todo, desde el alumno a su maestro. No estoy de acuerdo; tras treinta y ocho años de servicio, puedo asegurar que jamás un alumno me faltó al respeto por utilizar mi nombre y el “tú” coloquial. Tampoco creo haberlo hecho con discípulo alguno, por supuesto, sin dejar de mantener un trato cercano y evitando, además, el utilizar los apellidos como apelativo, que nunca me ha gustado. El primer día de clase, pasaba lista preguntando a cada persona cómo prefería que la llamara, si me iba a permitir el apócope o apodo amistoso o familiar. He tenido muchas “Conchi” sustituyendo al ortopédico María de la Concepción y muchos “Chema” en vez del compuesto “José María”, por poner algún ejemplo, y todos me lo agradecieron.
El respeto al docente, en mi opinión, se pierde cuando en el entorno familiar se critica, entiéndase criticar como sinónimo de despellejar, al maestro, sin justificación racional ni ecuanimidad, sin percatarse de que semejante actitud a quien más perjudica es al propio educando, que pierde, al unísono, la confianza en el hogar y en la escuela, por lo tanto, en la sociedad a la que pertenece y a la que en poco tiempo habrá de incorporarse para aportar lo mejor de sí. Léase “Jornada educativa”, séptimo relato de mi libro “Ecos de aula”, merecedor del primer premio en el certamen “Leopoldo Lasala” en Zaragoza. El arte, en mi caso la literatura, refleja el ambiente en el que se mueve el artista y hace de notario de cada época; de ahí que mis obras se desenvuelvan en el mundo de la enseñanza, el que conozco a fondo.
Los educadores, como humanos que somos, nos equivocamos, por mucho interés que pongamos en no hacerlo, sin contar con que en todo grupo hay alguna que otra oveja negra, alguna compañera he tenido poco recomendable, que dicho sea de paso, de estos especímenes cada vez hay menos. En estos casos, lo que deben hacer, padres o tutores parentales del menor implicado, es solicitar una entrevista con el profesor en desacuerdo, contrastar información y consensuar líneas a seguir, siempre a favor del escolar. Si todos sostenemos y empujamos al educando en la misma dirección, nuestro muchacho llegará a la meta; en caso contrario, se romperá.
Educar y leer
No perdamos de vista que aprender requiere un esfuerzo personal e intransferible por parte del que aprende sin el cual, por mucho afán y método que emplee quien enseña, no fructificará la labor. E insisto, una de las mejores vías educativas que podemos inculcar a nuestros niños y jóvenes es la lectura. La literatura tiene una vertiente didáctica de incalculable valor. Y la mejor forma de inculcar, en el mejor sentido de la palabra, es dar ejemplo. Leamos.
Eva Barro es autora de cinco obras publicadas de narrativa, más concretamente de cuatro novelas y de una obra compuesta por relatos cortos, con las que ha ganado numerosos premios —algunos de reconocido prestigio— a lo largo y ancho del territorio español. Escritora precoz, ganó el primero de esos premios con solo doce años, una temprana edad a la que también escribió una obra de teatro que se representó en su colegio. Y desde esos primeros pasos fue escribiendo más y más, hasta llegar a ser la escritora que hoy es.
