La literatura como medio de viaje, por Norah Espino

Leer como forma de viajar

​El mundo está cosido por fronteras invisibles y muros de concreto que no se cruzan solo con el deseo de hacerlo. Para muchas personas, viajar no es la elección idílica de un destino en una pantalla táctil mientras se toma un café de especialidad. Hay realidades donde tener un pasaporte en el cajón no sirve de nada; realidades donde una visa denegada con un sello frío o una cuenta bancaria asfixiada obligan a echar raíces en una tierra donde no se quiere estar.

El deseo de ver el horizonte permanece intacto, latiendo con fuerza en el pecho, pero los pies siguen atados por la rigidez de la burocracia en el mismo suelo. ​Es justo ahí, cuando el mapa real se cierra y el asfalto se vuelve prohibitivo, donde la literatura deja de ser un simple pasatiempo de biblioteca para convertirse en un glorioso acto de contrabando.

​Un libro no es el sustituto barato de un boleto de avión en clase turista; es la única vía de escape legítima cuando las leyes migratorias te dan en la frente un portazo y un "aléjate".

La lectura como forma de viaje

Al comenzar a leer una página, los tratados internacionales y las leyes de extranjería se vuelven papel mojado. Nadie posee la autoridad para pedirle una visa a tu mente si decide cruzar el Atlántico en un segundo, ni existe agente aduanal capaz de registrar el equipaje cuando decides mudarte a una calle de París bajo la lluvia o perderte en la inmensidad verde de una indomable selva.

​Mientras el mundo físico exige sellos, permisos y estados de cuenta repletos de un dinero que a veces es esquivo, la página escrita te recibe con los brazos abiertos y sin preguntas. Ella —la buena literatura, la que araña y estremece— nos permite el lujo supremo de habitar otras vidas, respirar el polvo de ciudades que quizás nunca pisaremos con nuestros propios zapatos y mirar el cielo desde coordenadas prohibidas. En definitiva, leer es  un trasbordo de identidad que ocurre en el absoluto anonimato de una habitación, a salvo y lejos de la mirada escrutadora de los puestos de control.

Escribir como forma de viaje

​Como escritora, entiendo la palabra no como un adorno, sino como cartografía y trinchera. Escribo porque la tinta es el único medio de transporte que no conoce de aduanas ni de rechazos. En cada renglón que esculpo, intento diluir las distancias y mezclar la crudeza de la realidad con la poesía del escape. Quien lee mis historias no es un turista pasivo que mira un paisaje a través de la ventanilla; es un polizón que viaja conmigo, sintiendo el peso de la memoria y la libertad del que se sabe inalcanzable para las leyes de los hombres.

​Al final, cuando los recursos faltan y los papeles atan, leer y escribir se convierten en la forma más pura de rebelión. Es la demostración absoluta de que, aunque logren confinar tu cuerpo a unos cuantos kilómetros cuadrados, el universo entero sigue estando al alcance de tu mano. No necesitamos el permiso de nadie para ser universales. Solo hace falta abrir la primera página, afilar la mirada y reclamar el mundo que nos pertenece a través de las palabras.

Norah Espino es una escritora y autora que transforma las limitaciones geográficas en pura potencia narrativa. Con una voz auténtica, humana y brutal, desmantela las fronteras a través de la potencia de sus relatos. Te invitamos a cruzar su frontera personal y descubrir su universo literario en su libro disponible en Amazon: Memorias de una Maicera, antesala de las próximas obras que la autora prepara para su publicación.

Memorias de una maicera: Relatos de una campesina (Spanish Edition) https://a.co/d/058Y8whI