La literatura de Guadalupe

La literatura de Guadalupe
Las islas hoy en día conocidas como Guadalupe después de que los españoles las bautizaran con ese nombre a su llegada al continente americano estaban inicialmente pobladas por los indígenas que también estaban presentes tanto en el resto de las Antillas como en la parte norte de Sudamérica: los taínos o arahuacos y los caribes o kalinagos. Los arahuacos llegaron primero a la isla principal de Guadalupe y la llamaron Karukera, mientras que los segundos se establecieron más tarde (en torno al siglo VII) y pasaron a ejercer dominio sobre los taínos.
Entrando ya en la literatura oral de estos pueblos, configurada por sus mitos y leyendas, merece la pena destacar en primer lugar precisamente el mito caribe de Karukera, que cuenta cómo la forma de mariposa que la isla tiene nació del cuerpo caído de una deidad o espíritu protector de grandes dimensiones que estaba buscando un refugio rodeado de cascadas y de ríos cristalinos para proteger a su pueblo. Estas deidades o espíritus son frecuentes en las historias y leyendas orales de la isla, siendo denominados zemíes por los indios taínos y maboya por los indios caribes; los zemíes adoptaban forma de figura de objeto y representaban a los espíritus de los ancestros y de la naturaleza, teniendo también funciones como proteger las cosechas, velar por el buen desarrollo de los nacimientos y dar buena suerte en la pesca. Por su parte, los maboya eran muy temidos, se les culpaba de las tormentas, de las enfermedades y de los desastres naturales y debían ser apaciguados por los chamanes mediante rituales especialmente concebidos para ello. Por lo demás, y más allá del mito de Karukera, existen numerosas leyendas procedentes de esos pueblos originarios que son muy conocidas en la isla, destacando entre ellas, la de la creación del mundo (que otorga al dios Amalivaca el papel de creador del mundo y que establece que los seres humanos emergieron de árboles sagrados o de cuevas profundas de la isla) o la de las amazonas de Matininó (que describía cómo, en el pasado, la isla había estado defendida por mujeres guerreras).
Más adelante en el tiempo, y ya con la presencia de los colonizadores europeos y de los esclavos africanos que fueron llegando a la isla, aparecieron otros mitos y leyendas que presentaban mezcla de creencias, siendo ejemplos de ellas la de la sirena de Riviere Sens (es una criatura mitad mujer y mitad pez que habita las corrientes de los ríos de Guadalupe y que está presente en las leyendas taínas), la de los espíritus de los Mornes (los Mornes son las colinas verdes de la isla, que se consideran sagradas y habitadas por espíritus, guardianes de la selva y almas de guerreros) y la de la Soucougnan (se trata de un mito vampírico influenciado por la cultura africana). También hubo influencia india, de nuevo por la llegada de inmigrantes de esa procedencia a la isla, como por ejemplo la leyenda de los espíritus de los engagés, que eran los espíritus errantes de los indios que habían sido maltratados en las plantaciones, que vagaban por la isla buscando venganza contra los antiguos dueños explotadores.
Ya en la época llamada poscolonial, es cuando nace la literatura escrita de Guadalupe tal como se la conoce hoy en día, y lo hace por supuesto partiendo de esa tradición oral que había estado presente en los períodos anteriores aunque también con una nueva identidad caracterizada por un lado por la antillanidad (la cultura propia de las islas caribeñas conocidas como Antillas) y por la criollización (la interacción entre las culturas y las lenguas francesa y local). Han sido temas recurrentes el pasado esclavista de la isla, la diáspora africana que tan presente está en ella y las tensiones generadas por el colonialismo. Más allá de esa identidad y de esos temas, y en lo que concierne a los nombres propios, dos han sido los grandes nombres de la literatura de Guadalupe: por un lado Maryse Condé, escritora de talla y prestigio internacionales que es autora de una vasta obra que se reparte entre los géneros de la narrativa histórica, el cuento, el ensayo y el teatro y que ha ganado numerosos galardones y premios (entre otros el Premio Nobel Alternativo de Literatura), y por otro lado Saint-John Perse, Premio Nobel de Literatura en 1960 quien se dedicó principalmente a la poesía, la cual compaginó con una notable actividad política y diplomática. Más allá de esos dos nombres principales, hay por supuesto otros como los de Ernest Pepin (poeta y novelista que a través de su obra refleja la vida cotidiana y la realidad criolla de las islas), Simone Schwartz-Bart (autora reconocida por sus novelas que exaltan la resistencia y la dignidad antillanas), Gisele Pineau (autora nacida en Francia pero con origen en Guadalupe que ha sido traducida a otros idiomas y ha ganado varios premios), Daniel Maximin (novelista, poeta y ensayista que se caracteriza por mezclar temas y estilos y por utilizar metáforas que relacionan los desastres naturales caribeños —huracanes y volcanes— con las revueltas sociales y la opresión colonial), Gerty Dambury (dramaturga, poetisa y novelista quien a través de su obra ha defendido la descolonización y los derechos de las minorías) o Max Jeanne (poeta que a través de sus poemas ha tratado de reflejar la vida cotidiana de las clases populares de las islas así como el mestizaje), entre otros.
La literatura sobre Guadalupe
Fue probablemente Diego Álvarez Chanca, el cronista —además de médico— de la expedición comandada por Cristóbal Colón que llegó a las islas de Guadalupe en el año 1493, el extranjero que en primer lugar dio testimonio del hoy territorio guadalupeño. Ese testimonio formó parte de la Carta al Cabildo de Sevilla con la que se pretendió dar cuenta del desembarco en la isla y de los primeros contactos con los que en ese momento eran sus habitantes. Otros cronistas de expediciones posteriores que también documentaron su visión sobre las islas fueron Michele de Cuneo, Pedro Mártir de Anglería y Gonzalo Fernández de Oviedo, quienes describieron la geografía y a las gentes de Guadalupe.
Son obras de literatura de viaje modernas que también hablan sobre Guadalupe —además de sobre otras islas del Caribe— los títulos “El árbol del viajero”, del prestigioso y conocido autor del género Patrick Leigh Fermor, “Viajes a través de las Antillas”, del mismo autor, o “Un crucero de verano por las Antillas”, del no menos relevante Lafcadio Hearn. En otros idiomas también están “Hot countries. A travel book”, de Alec Waugh, y “Caribbean Winter”, de Paul Morand.
Lecturas propuestas
Corazón que ríe, corazón que llora (Maryse Condé)
En esta obra autobiográfica, Condé da a conocer innumerables aspectos, escenas y circunstancias de las que fueron su infancia y su adolescencia en Guadalupe, en el seno de una familia que pugnaba por estar a camino entre la identidad y la esencia caribeñas y la sofisticación y el desarrollo que representaba la metrópoli francesa, a la que viajaban con cierta frecuencia. Es interesante conocer a algunos de los personajes relevantes en las primeras etapas de la vida de la escritora, así como las relaciones que mantenía con ellos, pero lo es más tener acceso a los que fueron sus sensaciones y sentimientos como niña y como adolescente. También es relevante el componente costumbrista que la obra tiene.
Victoire, la madre de mi madre (Maryse Condé)
Se trata de una biografía que la genial autora guadalupeña escribe de su abuela, una persona con la que sin duda tuvo menos relación de la que le hubiera gustado, y a la que admira por su fortaleza, su capacidad de sacrificio y también por sus talentos y habilidades naturales. La historia se cuenta siguiendo un orden cronológico, es decir, parte en el momento en el que Victoire, la abuela de Maryse, nace, y avanza según va siendo una niña, una joven y una adulta, ello sin perjuicio de que se practique algún salto en el tiempo. A partir de cierto momento de la historia cobra protagonismo también la hija de Victoire y madre de Maryse. Y, como no podía ser de otra forma, por la historia circulan otros parientes y personas de gran importancia en la vida de la hoy mundialmente conocida escritora.
Un crucero de verano por las Antillas (Lafcadio Hearn)
En este libro del género de la literatura de viajes, el célebre autor griego Lafcadio Hearn (que, aunque cobró fama mundial por su labor de difusión de la cultura japonesa, también viajó por otros lugares del mundo, como el Caribe) cuenta cómo, a bordo de un barco que parte de Nueva York con el fin de conocer las principales islas del Caribe, visita, entre otras islas, Guadalupe. Con la suntuosidad y el enorme lujo de detalle que le caracterizan, Hearn describe no solo la principal ciudad de Guadalupe, Pôinte a Pitre, en la que el barco atraca, sino también la naturaleza de la isla, que a pesar de su breve estancia en ella puede llegar a conocer y a interiorizar.
Unos apuntes geográficos, históricos y culturales que ayudan a entender la literatura
Guadalupe está compuesto por dos islas principales conocidas como Grande Terre y Basse Terre, y por otra serie de islas secundarias, entre las que se encuentran Marigalante, La Deseada, Los Santos y Petite Terre. Todas ellas están ubicadas en el Caribe, y pertenecen a las conocidas como Pequeñas Antillas. Se trata de islas montañosas pobladas por bosque tropical y salpicadas por volcanes, que además cuentan con una notable biodiversidad en la que destacan especialmente los manglares en la flora y los insectos y las aves en la fauna.
En relación a su historia, tras la mencionada ocupación de la isla por indios taínos y caribes, la llegada de los españoles supuso el cambio del estatus de las islas y el paso a la condición de provincia española, situación que se prolongó durante 160 años. En 1635, los franceses tomaron posesión de ellas, y durante el siglo siguiente cambiaron en varias ocasiones de manos (fueron ocupadas por ingleses y suecos antes de volver a posesión francesa), en una época en la que la esclavitud era abolida o restaurada en función de las leyes de las potencias ocupantes. Ya en el siglo XX adoptan su estatus actual de territorio de ultramar francés, sin que después de ese momento hayan faltado los conflictos sociales y los movimientos independentistas.
Sobre su cultura, destaca sobre todo el mestizaje de las islas, con mezcla de elementos autóctonos, franceses y africanos; más concretamente el 75% de la población de la isla es afrocaribeña o tiene ascendencia mixta. También hay minorías de origen asiático. En cuanto a la religión, la gran mayoría de la población (entre un 90% y un 95% de la misma) profesa la religión cristiana católica, sin que por ello falten las minorías cristianas protestantes, hinduistas o animistas africanas.